viernes, 15 de octubre de 2021

No es lo mismo mentarlo que verlo venir. Diabladas en la Música Venezolana. Por Alexander Lugo

 



Abunda en menciones y alusiones esa mítica figura de un querubín caído que burla burlando y fascina tentando, los pueblos ricos en ingenio y chanzas lo refieren en legendarios romances de briosas reyertas con su alter ego, y en no pocas guasas de la sabiduría pueblerina.

Dante lo sublimizó en un infierno formado por nueve círculos como escarmiento de pecadores. En “El Paraíso Perdido”, John Milton lo retrató para siempre, ángel apóstata, hermoso y rebelde; Goethe nos lo refrenda como un seductor y solicito Mefistófeles cobrándole el alma a un Dr. Fausto que lo requiere. Oscar Wilde lo alude aristocráticamente en su “Retrato de Dorian Gray”. 

En nuestro patio, Arvelo Torrealba escogió las formas expresivas del contrapunteo llanero, que galopa al severo ritmo de los pulsos arpistas o bandoleros, cuatristas y maraqueros que hacen mejor concierto con los redondeos cíclicos de nuestras faenas ganaderas en que se comulgan con la trashumancia vaquera, con una pieza de largo aliento y carácter puramente nacional como es su impecable y arrobador Florentino… Con suficiente bastimento para llenar de imaginería a los músicos de “colcha y cobija” como José Romero Bello y “El Carrao” y de encendido nacionalismo impresionista, como Antonio Estévez. Telúrico ‘Contrapunteo de la Vida y de la Muerte’, lo mentó Orlando Araujo.

 

LOS DIABLITOS DE CORPUS

La devoción popular de las Diabladas de Corpus Christi, manifestación ritual de varias comunidades venezolanas tiene su origen en Europa. “Las ceremonias se celebraron en el interior de las iglesias hasta que el Papa Inocente III las prohibió, en el concilio de Letrán de 1215, permitiendo las danzas y la música solo fuera del templo”.

La celebración del Corpus en España, coincide con el propio arribo de las calaveras a tierras desconocidas que supusieron de “las Indias Occidentales”, donde esperaban en la orilla, confiados y desnudos como sus madres lo parieron, aquellos nobles cuerpos bronceados con sonrisas y mansa contemplación, mientras desde la proa observaban vacilantes y totalmente perdidos, aquellos barbados, boquiabiertos y cundíos de piojo. Por tanto, en el siglo XVI, la tradición viaja al ‘Nuevo Mundo’, con los conquistadores.

La primera referencia que se encuentra en Venezuela sobre la celebración del Corpus Christi data de 1582, cuando el gobierno municipal de Coro la ordena en los siguientes términos:

“Toda la octava de Corpus Christi, el Santísimo Sacramento debe entronizarse en el Altar mayor con cuatro velas encendidas y dos antorchas, después de la vigilia debe ir en procesión por el interior de la iglesia regada con flores y hierbas aromáticas”. (Acta del Cabildo de Caracas, Tomo IV)

Las danzas negras y mulatas, dentro de la procesión de Corpus, se mantuvieron hasta la llegada del Obispo Diego de Baños y Sotomayor, quien, en 1687, las prohíbe y decreta en Las Constituciones Sinodales del Obispado de Venezuela y Santiago de León de Caracas:

“En muchas ciudades de nuestro Obispado está introducido que en las Procesiones, no solo de Corpus y su Octava, sino también en la de los Santos Patronos, se hagan danzas de Mulatas, Negras e Indias, con las cuales se turba, e inquieta la devoción, con que los fieles deben asistir en semejantes días… Mandamos pena de Excomunión Mayor, que las dichas danzas…, no se hagan, ni permitan”.

La festividad de Corpus se menciona nuevamente en un acta del cabildo de fecha 14 de noviembre de 1746: “…se han producido muchos desordenes y actos inmorales, realizados por enmascarados, llamados diablitos”.

De acuerdo con el documento estos diablitos eran: “negros con muy malos hábitos que todos los años destruían cosas y cometían robos”.

Corpus se celebró en Caracas con una procesión, en la cual los Diablitos salían a la calle, las horas de la tarde, dirigidos por un diablo cuya máscara y cuernos eran más grandes que los del resto. Todos llevaban una maraca en la mano derecha y un pañuelo de madrás en la izquierda, danzaban de forma grotesca frente a las ventanas de las casas, al ritmo del tambor.

En Caracas, la danza de los Diablitos de Corpus se realizó hasta finales del siglo XVIII. En cambio en la región central del país, particularmente en las haciendas de café, cacao y caña de azúcar, donde la población predominante era la negra, en situación esclavizada, la tradición de los diablos danzantes aparentemente permaneció inalterada, como se deduce de su existencia en Naiguatá, San Francisco de Yare, Cata, Turiamo, Ocumare de la Costa, Chuao, Canoabo y Patanemo. Se encuentran algunas representaciones de Diablos en otros lugares de Venezuela, como las de Cumaná y El Callao, pero no son Diablos de Corpus.

Los Diablos danzantes de Corpus Christi fueron reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2012. Lugar de celebración: Yare, Ocumare de la Costa, Bahía de Cata, Cuyagua, Turiamo, Chuao, Bahía de Patanemo, San Rafael de Orituco, Tinaquillo, San Millán, Naiguatá.

 



¡AH DIABLO! La Leyenda del Diablo de Carora.

En la geografía simbólica de Venezuela, es Carora una tierra de la risa y la penitencia, del intelecto y la pereza, el estío y la inundación, la cordura y el delirio, la virgen morena y el demonio. Esto para la Carora de entonces, pequeña villa recoleta, respetuosa con las Autoridades y con Santo Temor de Dios, fue un escándalo que produjo asombro, ira y miedo colectivo. Al no explicarse porque hubo cinco muertos, blasfemias, irrespeto a la Casa de Dios y a sus servidores consagrados, apelaron entonces a las fuerzas sobrenaturales y se creó la leyenda de que “en Carora el Diablo andaba suelto”.

Sobre esta leyenda del diablo de Carora encontramos el siguiente relato que se publica el 22 de octubre de 1919 en el número 42, de El Diario de Carora:

Específicamente en 1734, cuando unos contrabandistas de apellidos Hernández Pavón andaban en la región larense, los alcaldes Tiburcio Riera y Adrián Muñón de Miranda metieron preso a uno de ellos. Los Hernández Pavón mataron al guardia que apresaba a uno de los Hernández y lo liberaron. Los alcaldes comenzaron a organizar a la gente del pueblo para perseguir a los supuestos contrabandistas. Frente al convento de Santa Lucía se encuentran los hermanos Hernández y los alcaldes junto al pueblo. Los primeros se refugian en el convento y los alcaldes amenazan con derrumbar las puertas. Cuando logran agarrar a los Hernández Pavón, son fusilados en la Plaza Real, delante de todos los allí presentes. Más adelante, la justicia española condena a muerte a los alcaldes.

Uno, Tiburcio Riera es ejecutado en la Plaza de la Guaira y el otro logra escapar a Nueva Granada. Los Hernández eran trabajadores de la Compañía Guipuzcoana, por ello, según nos dice Luis Beltrán Guerrero, eran calificados como enemigos de la oligarquía regional, es decir eran unos “rebeldes”. La acusación que se les hacía era la de no haber pagado “diezmos y primicias” a la Iglesia. También fueron acusados de no asistir a la santa misa y de ser hombres de vida “desarreglada, sin temor de Dios ni del Rey.” Por estas muertes acontecidas en aquel día de siglos atrás, se creyó que ‘el Diablo andaba suelto en Carora’.

El caroreño cuando se asombra y quiere ponderar algo muy grande dice: ¡AH DIABLO!

 

SE SOLTÓ EL DIABLO

El otro Diablo, famoso por “animar las fiestas con su melodía acompañada de bandolines, guitarras, cuatros, pianos y bandas de músicos populares” es el valse-joropo de Heraclio Fernández. Nos cuenta el maestro Alirio Díaz que con el pasar de los años este valse fue considerado anónimo, pero gracias a la investigación que realizara, se pudo constatar que la pieza fue compuesta a finales del siglo XIX por el compositor zuliano que vivió desde niño en La Guiara.

A fines del siglo XIX, nos dice Díaz que Santiago Añez compuso una pieza titulada también El Diablo Suelto. Otro valse conocido como El diablo suelto fue El Bejuquero. En la época en la que vivió Heraclio, quien dirigía un periódico que era hechura suya llamado “El Zancudo”, el cual era su pseudónimo, existían varias periódicos “Humorísticos y Satíricos” con estos nombres: El Diablo Verde (1868); El Diablo Cojo (1868), de Maracaibo; El Diablo Suelto (1875-77-78), de Caracas; El Diablo Cojuelo (1878), de Ciudad Bolívar; El Diablo Suelto (1888), de Barquisimeto; y El Diablo (1890-189?), de Caracas.

El ‘Cantor de la Voz de Pueblo’,  Gualberto  Ibarreto,  hace  una versión  de la pieza musical  de Heraclio con letra  del compositor  Henrique Hidalgo, ya que solamente  se conocía  como instrumental.                                       

  Gualberto Ibarreto el Diablo Suelto                                                                         

Recógete muchacho que por ahí anda el diablo suelto

y lleva entre sus cachos al hijo de Ruperto

que Lucifer lo llaman, mandinga, varios nombres le dan.

Que lo han visto en Carora, también que lo han visto en San Juan.

 

Por su parte Celestino Carrasco “El Negro Tino”,   componeuna pieza musical en tiempo de Golpe Larense estilizado, que popularizó la cantante Adilia Castillo acompañada por el Grupo Los Araucanos, llamado el Pi pi piriguá, inspirando en la leyenda caroreña: “Se soltó el diablo”. El estribillo   dice: 

Allá viene el diablo

dale con la  cruz (bis)

a mi no me asusta

lo que digas tú.

 

Amílcar  Segura, aparece  como el compositor de: “Se Soltó el Diablo é  Carora”, otra composición  musical,  que  contribuye  en  dar  a  conocer  los  pormenores  de  la  leyenda:

Se soltó el diablo é Carora

a diablo pá condenao

porque se secó la ceiba

donde lo habían amarrao.

 

Por último está la pieza para guitarra solista escrita Rodrigo Riera en 1969: Golpe al Diablo de Carora.

 Golpe al Diablo de Carora

SIMPATÍA POR EL DIABLO

En su tercera versión, la de 1956, asegurándonos que era la última –yo todavía pienso que trabaja en una nueva- el poeta Alberto Arvelo Torrealba (Barinas: 1904-1971) nos presenta así al jinete de trote sombrío:

Súbito un hombre en la puerta:

indio de grave postura,

ojos negros, pelo negro,

frente de cálida arruga,

pelo de guama luciente

que con el candil relumbra,

faja de hebilla lustrosa

con letras que se entrecruzan,

mano de sobrio tatuaje,

lunar de sangre en la nuca.

Un golpe de viento guapo

le pone a volar la blusa,

y se le ve jeme y medio

de puñal en la cintura.

Entra callado y se apuesta

para el lado de la música.

Dos dientes de oro le aclaran

la sonrisa taciturna.

 

“Oiga, vale, ese es el Diablo”

-la voz por la sala cruza-.

 Florentino y el Diablo

Al presenciar maravillado lo que hizo con su poema, Antonio Estévez en “La Cantata Criolla”, el poeta Arvelo le escribe una magistral carta pública, aparecida en el diario El Universal del 13 de diciembre de 1961, donde entre otros prodigios le expresa:

En alardeo de ésta imparcialidad, bien puedo confesar ahora cuando ya solo soy un tercero en la litis, que si alguna tentación de preferencia tuve en el poema, fue hacia el Diablo… el grave Autócrata de la Tiniebla es más hondo, más poeta, más músico, más humano en las resonancias de la tragedia y la amargura. Rebelión y sufrimiento son el signo cardinal satánico.

Armonizando antítesis, como en dialéctica de embrujo, su Cantata se nos revela sosegadora e inquietante, llana y profunda, universal y criolla, popular y erudita, real y fantasmagórica. Su fondo permanente es rebeldía. Su fuerza humana, la virtualidad de conmover muchedumbres y de pasmar maestros. Su proeza artística, hacernos oír, bajo el cielo de América, con virgen voz americana, el ronco son de los remos con que aún golpean a los siglos los trágicos barqueros de la Estigia y el Aqueronte. Dentro de lo musical, la concurrencia de esos rasgos tipifica el signo demoníaco. Lo cual da a usted, sitio de honor entre los grandes músicos de inspiración diabólica que patrullea Paganini.

Por todo eso empiezo a sospechar, dilecto amigo, que entre los dos copleros, fraternos en el arte, antagónicos en el rumbo y en la meta de la esperanza, usted ha tenido también su poquito de preferencia por el Diablo.

De usted, cordialmente, 

A.A.T.

 


Podemos decir, para cerrar este exordio:

'Que si a usted no le ha salido el Diablo es porque lo lleva por dentro'.

 

Alexander Lugo Rodríguez

16/10/2021


sábado, 9 de octubre de 2021

¡Pedagogos de Pie! 65 Años de nuestro Canto triunfal. Por Alexander Lugo



Recientemente se cumplieron sesenta y cinco años de la selección del Himno del Instituto Pedagógico, esta se llevó a cabo mediante concurso, el quince de agosto del año 1956. El Instituto Pedagógico Nacional se preparaba entonces para cumplir sus primeras dos décadas de vida, eran tiempos aciagos de dictadura y cruel represión, el Pedagógico fue víctima de todo el ensañamiento y en varias ocasiones cerrados, y trataba de sobrevivir a un artero plan para eliminarlo de raíz al pretender anexarlo a la recién fundada Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela, en esos momentos bajo la influencia del despótico gobierno.

Desde su fundación, el Pedagógico contempló de manera expresa la enseñanza y práctica musical. En su Plan de Estudios de 1936, ya figuraba la implementación de “Cursos especiales de Música”. En atención a esta disposición reglamentaria, en la gestión del Director Olinto Camacho (1943-1945) se programaron transmisiones de quince minutos, inter-clases, de música “clásica”, con explicación y comentarios del profesor Rafael Herrera. Más adelante, en la misma gestión de Camacho, el maestro Antonio Lauro organizó un “Cursillo Musical”, conjuntamente con los profesores Sara Guardia, Raimundo Chela, J. L. Rodríguez y Miguel Arroyo, este consistió en una serie de audiciones de obras del repertorio universal, acompañado de charlas pedagógicas, las cuales se desarrollaban una vez por semana y donde participaban todos los estudiantes del Instituto. 

Ya desde 1943 el maestro Lauro había fundado el primer Orfeón del Pedagógico, cuya primera presentación pública se realizó en el mes de diciembre de ese año y sus actividades, siempre impecables y puntuales, se desarrollaron hasta el año 1945. Dos años después Lauro se gradúa de compositor con el maestro Sojo, habiendo estudiado, entre otras cátedras, Guitarra con Raúl Borges e Historia de la Música con Juan Bautista Plaza.

Para el primer acto de graduación de Profesores del Pedagógico, programada para 1942, se había formado un grupo Coral integrado por los graduandos y dirigidos por el maestro Sergio Moreira. Problemas derivados de cambios en el diseño curricular que se venían gestando casi desde la misma fundación del Pedagógico demoran el acto de grado, el cual se termina desarrollando al año siguiente, 1943.

Con este Coro liderado por Sergio Moreira se interpretó por primera vez en Venezuela el “Gaudeamus Ígitur”, el cual es considerado el Himno Universitario por excelencia. Se trata de una canción estudiantil de autor anónimo, que se cantó inicialmente en universidades alemanas a mediados del siglo XVIII. Es importante señalar que la traducción y revisión de la letra del Gaudeamus estuvo a cargo del insigne profesor Edoardo Crema.

La tradición de interpretar el “Gaudeamus Ígitur” en los actos de graduación había pasado a Chile y de allí a Venezuela, gracias a la “misión chilena” que conformó buena parte de la primera plantilla de docentes del Pedagógico, por medio de su ideólogo y fundador Don Mariano Picón Salas. 

Gaudeamus Ígitur

El maestro Sergio Moreira (1909-1993) desde 1936, cuando ingresa al Ministerio de Educación como profesor de música y hasta sus últimos días, se desempeñó en esta hermosa labor docente. También preparó valiosas recopilaciones de canciones populares, folklóricas, patrióticas y navideñas para escolares, así como selecciones de canciones, partituras, letras, himnos. Su Antología de Letras de Canciones Escolares, de 1986, es muy conocida entre los docentes de música de nuestro país.

Luego de ese primer Coro de Moreira y del Orfeón de Lauro, a partir del año 1948 se encarga de organizar y dirigir los Coros para los actos de grado, la querida profesora Nazil Báez Finol, esta importante actividad la realiza hasta el año 1962. Un año antes, por iniciativa del profesor Manuel Gallegos, se funda con los alumnos de la “Sección de Educación Física”, el Orfeón de esa especialidad, y también se le encarga la dirección a la maestra Nazil. Su presencia al frente de los disciplinados Coros en cada Acto de Grado se hará indispensable, así nos lo refiere José Hernán Albornoz:

Todos los profesores que egresamos en ese lapso de tiempo, recordamos con una emoción combinada de cariño y nostalgia, la bella figura de la profesora Nazil, cuando liberaba con la magia de sus manos, las notas a cuatro voces, del Gaudeamus y del Himno Nacional”.

El quince de agosto de 1956, se lleva a cabo el concurso para escoger el Himno que representaría a partir de allí al Instituto Pedagógico Nacional, dirigido para ese momento por el Prof. Antonio Rojas Pérez, quien estuvo al frente de la institución entre 1950 y 1958. Himno que se mantendría al cambiar su nombre a “Instituto Pedagógico de Caracas”, y que al fundarse por decreto en 1983, la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, a partir del año 1988 se constituye también en el Himno de la UPEL.

El concurso contó con una terna de brillantes jurados, conformados por los compositores, maestros José Antonio Calcaño (1900-1978), Moisés Moleiro (1904-1979) y Antonio Estévez (1976-1988). Resultando ganadores de manera unánime, Ramón González y Daniel Acosta Sánchez, autores de la letra y la música respectivamente:


I

Pedagogos de pie que la marcha

ascendente de nuestro ideal

nos inspire las notas del canto

nuestro canto triunfal.

II

Que una viva lección de esperanza

brote siempre del pecho jovial,

para hacer con arcilla de espíritu

nuestro pueblo inmortal.

III

Que esa obra gloriosa proclamen

las montañas, los llanos y el mar

cuando en voz de los vientos exclamen:

educar, educar, educar.

IV

Las ideas redentoras

jamás podrán morir,

moral y luces somos

forjando el porvenir.

Himno del Pedagógico: Orfeón JBP 

En la celebración del septuagésimo aniversario del Pedagógico de Caracas, año 2006, la Asociación de Profesores de la UPEL me encargó la producción musical de un disco conmemorativo de ese aniversario. Para ello grabamos, conjuntamente el Orfeón Juan Bautista Plaza, dirigido por el maestro Michael Eustache Vilaire y la Orquesta Típica del IPC, diecisiete temas musicales, entre ellos el Himno de nuestra universidad. Me correspondió dirigir las dos agrupaciones en la interpretación de dicho Himno, así como los ocho temas de la orquesta, junto con la edición y mezcla de todo el disco. Encargo que considero un gran honor para mí.


El mes pasado celebramos el octogésimo quinto aniversario del Instituto Pedagógico de Caracas, y seguimos aferrados a nuestra misión de educar y transformar al país para hacerlo merecedor de sus glorias. Los Pedagogos de Venezuela seguimos de Pie, aspirando hacer con arcilla de espíritu nuestro pueblo inmortal, y que se siga cumpliendo la enorme aspiración de nuestro Himno: Que esa obra gloriosa proclamen, las montañas, los llanos y el mar, cuando en voz de los vientos exclamen: educar, educar, educar.

 

Alexander Lugo Rodríguez

9 de octubre de 2021










sábado, 2 de octubre de 2021

CINCUENTA AÑOS SIN EL CONTRAPUNTO DE “FUCHO”. Por Alexander Lugo

 


 Este pasado jueves treinta de septiembre se cumplieron cincuenta años de la desaparición física del gran músico margariteño Rafael “Fucho” Suárez. “Temprano levantó la muerte el vuelo” -como diría un doliente Miguel Hernández- cuando aún no cumplía los 42 años, se despidió de este paisaje un hombre hecho de espumas y viento, de azules que armonizan a lo lejos, y del noble y rasante vuelo de la gaviota en la dorada bahía. Con su despedida “temprano madrugó la madrugada”, y su música -forjada en la melancolía- intensa y vibrante como un sol a la deriva, es alegoría en el paisaje que se azula.

Ese día de los cincuenta años de su viaje, se llevó a cabo un acto virtual, muy propio de estos menguados tiempos, el ‘Foro-Chat’: “Acercamiento a la vida y obra de Rafael ‘Fucho’ Suárez”, teniendo como foristas a los profesores Julio Villarroel, Roki Viscuña, Verni Salazar y Fernando Fernández, “quienes versaron sobre aspectos relevantes de su vida, su infancia, familiaridad, estudios, obra y el legado que deja a la humanidad”. Como invitado especial el maestro Jesús Sevillano, co-fundador del afamado Quinteto Contrapunto, nos dejó escuchar sus emotivos testimonios.

El “Comité Organizador del Homenaje a Rafael “Fucho” Suárez Mújica, se constituyó en la Casa de la Cultura “Antonio Millán”, de La Cruz Grande, el primero de agosto de 2019. Para abrir los fuegos del Foro virtual, tomó la palabra Verni Salazar:

“La isla de Margarita tiene la fortuna de ser la cuna de tres grandes insignes baluartes de la música venezolana: Modesta Bor, Inocente Carreño y Rafael “Fucho” Suárez, ellos, con su legado musical, han puesto en grande la margariteñidad en el mundo, reconocidos por sus composiciones, arreglos y creaciones, que siguen vigente y forman parte del patrimonio inmaterial de nuestro país. El maestro Rafael Suárez nace en El Poblado, Porlamar, el primero de diciembre de 1929. Músico, compositor, cantante y arreglista”.


       

Pasemos a conocer al niño “Fucho” que quedaría impactado para siempre por las tradiciones de su pueblo. Las palabras de Fernando Fernández Fermín, coordinador del Comité nos ilustran:

“Fucho, como llamamos acá en el oriente a los Rafael, forma parte de una familia de estirpe Guaiquerí, nace el primer día del mes de diciembre, el mes de las pascuas, en el año 1929. Desde muy niño se interesó por la música, e intentaba por todos los medios a su alcance impregnarse de sus melodías, sobre todo la de nuestras ‘Diversiones Pascuales’, en las cuales a los niños de la época se les prohibía formar parte de tales parrandas. El inquieto “Fuchito” acudía entonces a su amiga y vecina Carmen Pino, tres años mayor que él, para que le contara y cantara que habían sacado en “Diversión” el día anterior, mientras “Fucho”, con su cuatrico construido por él mismo, le acompañaba con la música.

Apreciemos a las palabras emocionadas de esta noble margariteña, su amiga de la infancia, y que por la magia de la “virtualidad” nos envía, en el metal de su voz, los vibrantes recuerdos de aquellas vivencias junto al inquieto niño que cambiaría para siempre la concepción de la música popular venezolana:

“Mi nombre es Carmen Pino de Carreño, tengo 95 años, conocí a ‘Fucho’ cuando yo tenía como siete años, tuve mucho tiempo ayudándolo a tocar y a cantar, jejeje. Él se la pasaba en el medio de la plaza con un cuatrico, hecho con la concha del coco. Fucho me acompañaba cundo le cantaba las ‘Diversiones’: ‘El Morrocoy, ‘La Gaviota’, ‘El Sebucán’… Venía una señora de Punda, otras de El Poblado y La Cruz Grande, también venia una de Los Robles, -para cantar las ´Diversiones’-.

Fernando Fernández en sus palabras, rememora al niño de unos seis años, en contacto con las tradiciones de su pueblo:

“Estas vivencias serán el germen de su fecunda obra posterior, ejemplo fue la ‘Diversión’ El Morrocoy de la Cruz Grande. Obra de Andrés Eleodoro Hernández y Pedro “Perucho” Rivas, la cual se paseó por las polvorientas calles de El Poblado, entre 1935 y 1936. El niño “Fucho” guarda en su memoria estas cantas tradicionales de su infancia y que luego serán inmortalizadas como patrimonio de todos”. 


Las denominadas Diversiones orientales –o pascuales- son representaciones “callejeras” escénico-musicales del oriente del país, particularmente de los estados Sucre y Nueva Esparta -y en el estado insular particularmente de la Isla de Coche-.

En Caracas se dieron a conocer, causando un gran impacto, en febrero de 1948 cuando –a propósito de la toma de posesión del Presidente Rómulo Gallegos- se presentaron en el “Nuevo Circo” de Caracas: ‘El Pájaro Guarandol’, ‘La Burriquita’ y ‘El Sebucán’, de la mano del poeta e investigador Juan Liscano. Veamos lo que a este respecto nos deja oír Roky Vizcuña en su intervención:

“Es evidente que “Fucho” fue marcado por la “Diversión”, es indudable que la conoce, que la aprecia, que la valora, que la distingue como símbolo fundamental de la expresión musical neoespartana y para mí, también deja ver como en el Poblado guaiquerí la valoración que se hace por la “Diversión” es algo sumamente especial. Creo que el hecho que “Fucho” se enfoque hacia la parte de la “Diversión” –que pudo haber grabado de repente una Malagueña, o cualquier otro género- y apuesta permanentemente a la “Diversión”, es porque también permanentemente en ese Poblado donde él se cría, está presente esa manifestación”.

Sebucán Margariteño

Revisemos cómo fue la formación musical de Rafael Suárez, desde la voz de Verni Salazar:

“Inició sus estudios musicales en la Escuela superior de música José Ángel Lamas, en Caracas, en 1945, bajo la dirección del maestro Ángel Sauce y posteriormente bajo la dirección del maestro Vicente Emilio Sojo, hasta 1952. Más tarde viajó a Europa para perfeccionar sus estudios en las cátedras de lectura de partitura, composición, dirección de orquesta, contrapunto y fuga, en la Academia Di Santa Cecilia, en Roma. Por sus méritos, le es confiada la dirección de la Orquesta Experimental del Conservatorio Santa Cecilia y de la Orquesta ‘Ente Etanislao’ de Termi, Italia. Dirigió entre otros Coros, a la Coral Venezuela, Coro Rafael Urdaneta y el Coro de la Shell. Con toda su preparación y el amor por nuestra música venezolana, hace una serie de arreglos para dos voces sobre temas tradicionales, durante su periodo de estudios académicos musicales en Italia”.

De ese conjunto de arreglos que comienza a crear en Roma, con la melancolía propia que potencian las lejuras y añoranzas de la tierra y de ese mar de intensos azules de su Isla, germinará lo que sería considerado su mayor aporte a la música: El Quinteto Contrapunto. Julio Villarroel, no deja nada por fuera en su descripción: 

“Rafael ‘Fucho’ Suárez orgulloso venezolano, orgullo guaiquerí, orgullo margariteño. Supo con su obra dividir en un antes y un después al mundo coral venezolano con la creación de su obra máxima el Quinteto Contrapunto, o simplemente: Contrapunto, que fue como ustedes, saben un quinteto vocal que alcanzó fama nacional e internacional en la década de los años sesenta. Contrapunto nació en 1962 y desapareció en 1971 con la muerte de su creador, director y arreglista Rafael “Fucho” Suárez. La idea del Contrapunto, fue concebida por ‘Fucho’ Suárez después de regresar de sus estudios musicales avanzados en Italia. Durante el tiempo que estuvo estudiado en la Academia Santa Cecilia en Roma -según me contaba mi tío “Checho” Quijada, quien vivió en la misma residencia con Fucho Suárez- este realizaba bellos arreglos musicales para dos voces de nuestra música, de las “Diversiones”, Merengues, Danzas, Polos, Contradanzas, Bambucos, etc. Que luego él cantaba con otro estudiante de música, carupanero, que conoció allá en Roma, llamado Domingo Mendoza”. 

 


Por su parte Verni Salazar nos refiere cómo fueron acogidos sus arreglos para dos voces, una vez llegado a Venezuela:

“A su regreso, varias personas del Orfeón Universitario (UCV) encantadas con la propuesta le recomiendan ampliarlo a cinco voces, y es así como nace el Quinteto Contrapunto. Se puede afirmar que por primera vez en Venezuela, una expresión musical tenía igual aceptación por parte de los “músicos de escuela”, como los de los sectores populares. A los pocos meses de fundados tenían grabado su primes disco. Cercano ya de su muerte, se ocupó del repertorio latinoamericano. Coros y ensambles de toda Venezuela han lucido sus voces durante más de cincuenta años con piezas de este director y arreglista del Quinteto Contrapunto. Con un estilo limpio, cristalino parecen sencillos pero son complejos y elegantes, destacó la profesora Aura Marina Ríos”.

 Julio Villarroel, nos lo relata de esta manera:

“Cuando ellos regresan a Venezuela, Domingo Mendoza lo había hecho meses antes que ‘Fucho’, este le propone ampliar los arreglos de dos a cinco voces, es decir: soprano, mezzosoprano, tenor, barítono y bajo, a ‘Fucho’ le gustó la idea de Domingo Mendoza y enseguida se puso a trabajar en ello. Y es así como en el año 1962 nació El Quinteto Contrapunto, con Aída Navarro, Morella Muñoz, Jesús Sevillano, Domingo y el mismo Fucho Suárez, quien además de barítono, era el intérprete del cuatro y arreglista. A los pocos meses de salir el Contrapunto a escena, se convirtió en un éxito total a nivel nacional”. 


La discografía de Contrapunto ha significado toda una escuela para coralistas y ha enriquecido el repertorio vocal significativamente, de tal suerte que se puede decir sin exageración, que no hay grupo coral en el país que no presente entre sus obras algunos de los maravillosos arreglos de Rafael Suárez. Roky Vizcuña nos habla de los discos grabados por el Quinteto:

“El volumen I del Quinteto Contrapunto, incluye, nada más y nada menos, que en un veinticinco por ciento del repertorio, música neoespartana, así es como de doce temas, tres pertenecen al acervo musical neoespartano, uno de ellos es una Gaita Margariteña y los otros dos son “Diversiones”: el ‘Pájaro Tilin’ y ‘El Sebucán Margariteño’. Esto deja ver la importancia que para “Fucho” tiene la manifestación de la “Diversión”. Y pudiera especular que es importante para él, en su condición de hombre criado en El Poblado, heredero de los códigos culturales de la etnia guaiquerí".

"En el segundo volumen", continúa Roky Vizuña, "incorpora dos temas margariteño, uno es el Polo margariteño y el otra es “El Morrocoy”, otra “Diversión”… Para el Volumen III, paradójicamente tratándose del volumen donde el Contrapunto graba música navideña, no se incorporan “Diversiones”. En el volumen IV vuelve “Fucho” a grabar una “Diversión”, que titula ‘Diversión Margariteña’. En el quinto y último volumen del trabajo de Contrapunto se incorpora ‘La Cachúa’, que también es una Diversión”. 

 


Podemos sentir el impacto de la música del Quinteto Contrapunto en este relato de Julio Villarroel:


“Yo recuerdo que un día, cuando iba para el liceo donde yo estudiaba cuarto año de bachillerato, escuché por primera vez al Quinteto Contrapunto con una canción de muchos recuerdos de mis estudios en el Seminario Diocesano de Cumaná “Río Manzanares”, aquello me pareció celestial, increíble que se pudiera cantar esa canción tan popular, de esa manera tan maravillosa, un estilo único para ese momento en nuestro país. Era una fusión de la música popular y folclórica con la metodología, la técnica y tratamiento de la música académica. ¡Qué genio musical en verdad fue “Fucho” Suárez”.

 Río Manzanares

La salud comienza a fallarle por problemas renales y debe ser trasplantado de riñón. En las palabras de instalación del evento virtual, Verni Salazar relata:

“Fucho” Suárez, ilustre músico neoespartano fallece en Caracas un día como hoy, el 30 de septiembre de 1971, víctima de una enfermedad renal. Hoy nosotros, desde la margariteñidad, desde del sentimiento, ofrecemos este Foro-Chat en homenaje a Rafael “Fucho” Suárez, emblema de la margariteñidad”.

A este respecto el testimonio emocionado del Dr. Jesús Sevillano es elocuente:

“En el momento en que “Fucho” tuvo la descompensación, nosotros teníamos que haber ido para Carupano porque allá nos estaba esperando Luis Mariano Rivera, para a dar unos conciertos e íbamos a hablar de todo lo que significaba esta música maravillosa… pero no hubo posibilidades porque la infección renal que tenía “Fucho” era muy fuerte… En ese momento la Dra. Iza Miller y su esposo Andrés Sevillano, quienes trabajaban en el IVIC, estaban recibiéndolo en el Hospital Clínico Universitario de Caracas. Yo no estaba aquí y en cuanto supe –ya yo me lo imaginaba- me vine en avión desde Carupano, y “Fucho” que en esa época estaba viviendo en San Bernardino, ya pues, estaba en capilla ardiente, y no nos quedó otro camino sino hacer que mi hermano del alma, que yo lo quería tanto y que éramos tan amigos, no nos quedaba otro recurso sino, junto con otra gente más, otros "hermanos" nuestros, que aceptar la idea que había desaparecido ese gran hombre y que en este país lo que hizo “Fucho” fue algo extraordinario, no solamente con el Quinteto Contrapunto, sino con tantas cosas maravillosas que hizo “Fucho” para la música y para la poesía y para todo lo que concierne para cultura general de nuestro país”.

 Setoconao


Nos dejó por siempre el maestro Rafael ‘Fucho’ Suárez su imagen imponente al frente de su amado Quinteto Contrapunto, y una música que hincha de emoción al decir y sentirse venezolano, música que cada vez que suena te sacude de emoción y que precisas en aquellas horas donde la vida se asoma para hacerte sentir que perteneces a un lugar donde la palabra amor se conjuga en el hábito del soñar y del vivir.

Su recuerdo florece por siempre en cada humilde Coro de escuela, en los Ensambles que lo eternizan y en los Orfeones que elevan al cielo las notas marinas de su Canto. Como en el de su compadre y paisano, el poeta Ibrahim Bracho; que lo rememora en su letra y música:

 

“COMPAITO”

Compay “Fucho”, compaito

dice tu campay Perucho

que el adiós de tu falucho

dejó el amor verdecito

y que hoy florece igualito

tu recuerdo compay Fucho.

 

Por eso América sabe

de Maracaibo y del llano

del Polo y de Luis Mariano

de Guayana y de los Andes

porque cinco voces grandes

al timón de “Fucho” Suárez

fueron regando cantares

del Poblado al extranjero

desde entonces los ‘punderos’

andan recorriendo el mundo

con su piragua de sueños

a bordo del Contrapunto.

Compaito (Ibrahim Bracho)


Alexander Lugo Rodríguez

Caracas 2 de octubre de 2021






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