sábado, 21 de agosto de 2021

El Cancionero de José Eustaquio Machado, Intérprete y Romancero de la Vida de su Pueblo. Por Alexander Lugo

 

El Cancionero Popular Venezolano, datado en 1919, resume la obra fundamental de Machado como investigador del patrimonio poético tradicional del país. Supimos de este olvidado autor gracias al poeta Alfredo Armas Alfonzo, quien le dedicó unas líneas, allá por 1988 en la presentación del ejemplar número uno de la revista cultural Marusa. Armas Alfonzo coordinó esa importante publicación semestral y en ese primer volumen dedica su introito al autor del Cancionero: “Recordar por eso hoy a José Eustaquio Machado, el José E. Machado del Cancionero venezolano, es sincero acto de justicia que el Centro de las Culturas Populares y Tradicionales le hace a un crédulo generoso en la concreción de lo más auténtico del ser colectivo”.

Machado fue un intenso estudioso de nuestras tradiciones, dotado de un espíritu sensible, se interesó por investigar y compilar el patrimonio poético-tradicional del país. Las coplas que componen su Cancionero, las recogió principalmente con la gente del llano, y varios colaboradores que se sumaron a engrosar estos inolvidables versos.  Su importancia en la “canta popular” radica en que han sido fuente inagotable para versificadores, copleros, danzas y cantos tradicionales que se han perpetuado en las voces de los más insignes cantores de nuestro país.

El propio José Eustaquio, en el “Proemio” de Su Cancionero, explica:

“No nos corresponde encarecer la importancia o la bondad de esta obra; pero, permítasenos suponer que no será desdeñado nuestro esfuerzo por recoger y ordenar estas voces de la musa popular, que no llegarán a los postreros sino como ecos de un acento que con otros se pierde en las lejanías del pasado”.

Aunque nacido en Caracas, José Eustaquio pudo convivir con la gente humilde de la provincia, conociendo de primera mano los modos de vida y costumbres del mundo rural. Así no los retrata Armas Alfonzo:

“Ya se sabe que en su biografía se pormenorizan oficios de mecánico, comerciante, maestro de escuela y aun el ingreso azariento a uno de los grupos armados empeñados en la guerra civil como era propio al país de fines del siglo pasado. Dura elección esta última para un espíritu sensible como el suyo, esa circunstancia, no obstante, lo puso en contacto con la ruralidad campesina, cuya música y la literatura de sus versos y canciones le revelaron que entre el cuadro de trágicas realidades socioeconómicas persistían valores culturales ricos en vivencias”.

Se agudiza la pupila de nuestro romancero en contacto con estas vivencias, particularmente con las del oriundo de nuestras pampas y esteros. Interpretando en sus relatos el sentir y entendimiento del pueblo, veamos esta comparación que nos brinda Machado de la gesta de nuestros trovadores:

“El Cantaor Llanero recuerda por alguno de sus rasgos al Trovador de la Edad Media; y así como aquel iba de Corte en Corte y de Castillo en Castillo suspirando amores al son de su cítara, este va, en Velorios y Joropos, cantando, al compás de arpa y maracas, sus galerones y corridos, donde, como dice uno de nuestros escritores, palpita, original y vivaz, el alma nacional”.

En este sentido nos dice Armas Alfonzo: “La copla, por ejemplo, testifica veneros de tradición donde se aculturaban los aportes del mestizaje de europeos, indios y grupos africanos. Así se hace escritor de la historia e intérprete de su pueblo José Eustaquio Machado”. Sin embargo no se dejó iluminar por falsos resplandores, ni se encandiló nuestro romancero con las fatuas pompas de la docta. Por el contario, nos dejó esta aclaratoria:

“Cumplimos el propósito, largo tiempo acariciado, de reunir en un volumen el mayor número de composiciones de las que forman el Cancionero Popular de Venezuela. (…) quienes han querido prestar su concurso a esta obra, no exenta de interés, aun cuando sólo se considere de mero entretenimiento”.

Y más adelante explica su método de trabajo:

“Nuestro primer pensamiento fue clasificar estos cantares según la distribución que del proemio se deriva; es decir: los amorosos, en que predomina la nota sentimental y apasionada; los épicos, que reflejan el valor un tanto petulante del hijo de las llanuras: los narrativos, en que la musa popular reviste con caracteres leyendarios hechos históricos que han herido vivamente la imaginación del vulgo; y los epigramáticos, entre los cuales algunos son de incuestionable originalidad. Después de muchas vacilaciones nos resolvimos a darles la colocación que tienen, y a subdividirlos en el orden en que aparecen”.

En 1924 fue electo individuo de número de la Academia de la Historia. En su discurso de orden al recibir tan alta distinción, destacó su pasión por las versificaciones y cantares del pueblo:

 “La vida y la historia me enseñan de consuno que miseria y dolor han sido los dos más grandes maestros de la humanidad, que miseria y dolor han generado casi todo cuanto ennoblece y dignifica al hombre. Sentada esta premisa, ya se explica perfectamente el que yo me haya apasionado por la poesía popular, tan variada y rica, tan llena de sentimientos, y tan apropiada para estudiar por ella la vida de un pueblo en su triple aspecto psíquico, físico e histórico”.

    A Machado debemos reconocerle su aporte trascedente al conocimiento de lo nacional con ánimo objetivamente esclarecedor. Una vez más Armas Alfonzo traza su vocación como investigador y su perfil humano:

“Autodidacta, bibliófilo por sobre todo, compilador de la obra del sabio Arístides Rojas, académico de la historia recibido en 1924, colaborador de El Cojo Ilustrado y venezolano desde sus propios huesos, toda su capacidad de amor se centró en una Venezuela que le era tan ineludible como el aire de sus pulmones, por cierto siempre sofocados por el asma que lo atormentó toda su vida”.

Demostró Machado, apelando a la historia de la literatura universal, que “los cantos populares no pertenecen a nadie, y que, por consiguiente, son de todos, sin que pueda reclamar su paternidad ningún pueblo ni ningún individuo”. En este sentido traduce nuestro romancero unas palabras del libro LA CHANSON FRANCAISE DU XV AU XX SIÉCLE:  

“Las canciones son la obra anónima de un pueblo. No se sabe dónde ni cómo nacieron o crecieron. Un hombre que la vida hiere o acaricia canta su pena o su dicha… Es por esta colaboración secular que el pueblo, gran artista inconsciente, ha creado la canción, que es obra de todos—y a veces obra maestra— en que la expresión espontánea del sentimiento puede alcanzar desde el primer momento la pura belleza literaria”.

A continuación presento una selección del Cancionero, donde resaltan aquellas coplas que han sido grabadas por nuestras Cantoras y Cantores venezolanos, y miren que son bastante los que se han nutrido de él. Tomemos en cuenta que tal como enfatiza José Eustaquio, “de estas cantas, algunas son documentos humanos de positiva importancia para el estudio de la psiquis nacional en una de sus manifestaciones más típicas”.

JOSÉ E. MACHADO Cancionero Popular Venezolano Cantares y Corridos Galerones y Glosas. Con varias notas geográficas, histórica, y lingüísticas, para explicar o aclarar el texto. (Contribución al Folklore venezolano.) EMP. El Cojo, Caracas - 1 9 19.

En la plenitud de la Pampa el viento de la noche trajo a nuestros oídos el eco de un canto, doliente como el postrer lamento de una vida que se extingue. (El Autor)



CANTARES[1]

 

Por ser la primera vez

que yo en esta casa canto,

gloria al Padre, gloria al Hijo,

gloria al Espíritu Santo.

(Carlos Bonnet)

Por ser la primera vez

que yo en esta casa canto

me hago la cruz en la frente

para librarme de espanto.

(Carlos Bonnet)

Ayúdame guitarrita

ayúdame cuatro cuerdas,

que quiero cantar ahora

para recordar mi tierra.

(Carlos Bonnet)

Guitarrita, guitarrita,

tienes boca para hablar

los ojos no más te faltan

para conmigo llorar.

(Carlos Bonnet)

Triste canta la paloma,

más triste canta el paují;

triste está mi corazón

de tanto pensar en ti.

(Carlos Bonnet)

Las arenitas del río

corren debajo del agua;

debajo de mis cantares

corren las penas de mi alma.

(Simón Díaz)

El que me oyere cantando

dirá: ¡qué alegre está aquél!

pero tengo el corazón

más amargo que la hiel.

(La Josa: Serenata Guayanesa)

A mí mismo me da miedo

cuando levanto el tañío,

porque me hallo facultoso

y dueño de mi albedrío[2].

(Arvelo Torrealba)

 Cante, cante, compañero,

no le tenga miedo a naide

que en la copa del sombrero

cargo la Virgen del Carmen.

(Francisco Mata)

 En el camino e Caracas

mataron un pavorreal,

y del buche le sacaron

 la bandera federal.

(Diversiones Orientales: Quinteto Contrapunto)

A mí me llaman pagueño,

pero yo no soy del Pao;

tengo la fe de bautismo,

pero no soy bautizao.

(Tonadas de Ordeño: El Indio Figueredo)

La iguana y el mato de agua

se fueron al Orinoco:

la iguana no volvió más,

ni el mato de agua tampoco.

(Citada por Uslar Pietri en “Las Lanzas Coloradas”)

El toro pita la vaca,

y el novillo se retira;

como el novillo fue toro

la vaca siempre lo mira.

(Simón Díaz)

Mi caballo y mi mujer

se me murieron a un tiempo:

mi mujer. . . Dios la perdone:

mi caballo es lo que siento.

(“Canto de Ganado”: Cecilia Todd)

Ya se fue la paraulata

con su canillita seca;

gavilán no se la come

porque no tiene manteca

(Alberto Arvelo Torrealba)

Maricela se ha perdido

en el camino e Caracas:

su madre la anda buscando

con el cinco y las maracas.

(Baile de Maricela: Vidal Colmenares)

Tiene un espejo Beatriz

que está que se vuelve loca,

porque se ha visto la boca

debajo de la nariz.

(Perdóneme Sr. Cura: Ismael Querales)

Alumbro como una vela.

y corro más que un caballo,

si me ponen contra el viento

vuelo más que un papagayo.

(Don Pío Álvarado)

A mi me llaman el tonto,

el tonto de mi lugar;

todos comen trabajando,

yo cómo sin trabajar.

(El Venao: Carota, Ñema y Tajá)

A mi me llaman zoquete,

y por zoquete me tengo;

y cuando los vivos van

yo que soy zoquete vengo.

(El Venao: Carota, Ñema y Tajá)

Niña que vistes de luto

díme quien se te murió:

si se te murió tu amante

no llores, que aquí estoy yo.

(Golpe y Estribillo: Serenata Guayanesa)

Una vieja me dio un beso

que me tiene enmabitao;

los besos que dan las viejas

saben a cacho quemao.

(“Carnaval”: Quinteto Contrapunto)

Estrella de la mañana,

claro lucero del día,

¿por qué no me despertaste

cuando se fue el alma mía?

(Simón Díaz)

A las cinco muere el sol

en los brazos de la tarde,

por eso la triste noche

viste de negros pañales.

(“Canto de Ganado”: Cecilia Todd)

Luna que alumbras la tierra,

préstame tu claridá

para seguirle los pasos

a una ingrata que se va.

(Simón Díaz)

Lucero de la mañana,

de la mañana lucero,

¿cómo te vas y me dejas

cuando soy tu compañero?

(Cantos de Trabajo: Serenata Guayanesa)

Ah, caramba, compañero,

como no voy a llorar

si los grillos que me quitan

me los vuelven a pegar.

(Pajarillo Verde –golpe oriental- Rec. El Indio Rivera)

Estas muchachas de ahora

si que usan buen peinao;

debajo de la crineja

tienen el piojo a puñao.

(O será vapor: Rucaneo del Mabil)

Las muchachas de Caracas

tienen mucha fantasía;

camisones muy bonitos

y la barriga vacía.

(Perdóneme Señor Cura: Ismael Querales, “Canturías”)

Ventanita, ventanita,

dímele a la que te cierra

que si se acuerda de mí

como yo me acuerdo de ella.

(Ví a Rosita: Pio Alvarado)

En nombre de Dios comienzo

a retratar a mi dueño,

desde la punta del pie

hasta el último cabello.

(Tamunangue)

Mañana por la mañana

riega tu patio de flores

que te viene a visitar

la Virgen de los Dolores.

(Simón Díaz)

Si el amor que puse en ti

tan firme y tan verdadero

lo hubiera puesto en mi Dios,

hubiera ganado el cielo.

(Gualberto Ibarreto)

No se vaya, señor cura,

que ya el sancocho va a estar;

tiene yuca, tiene ñame,

tiene batata moráa.

(Perdóneme Señor Cura: Ismael Querales, “Canturías”)

Yo miré una garza blanca

dándole combate al río;

así está tu corazón

dándole combate al mío.

(Tonada de Luna Llena: Simón)

Galerón por la mañana,

galerón a mediodía,

galerón a todas horas

como si fuera comía.

(Estrofa del Galerón del Tamunangue)

Mañana por la mañana

riega tu patio de flores

que te viene a visitar

la Virgen de los Dolores.

(Simón Díaz)

Allá arriba, en aquel alto

tengo un pozo de agua clara

donde se lava la Virgen

los piecitos y la cara.

-¡Nube blanca. Nube blanca!-

(Simón Díaz)

Estrella de la mañana,

claro lucero del día,

cómo no me despertaste

cuando se iba el alma mía.

-¡Clavelito! ¡Clavelito!-

(Simón Díaz)

Noche oscura y tenebrosa

préstame tu claridad

para seguirle los pasos

a una ingrata que se va.

(Simón Díaz)


 

 Alexander Lugo Rodríguez

21 de agosto 2021


[1] Seis de estas coplas son utilizadas por Carlos Bonnet en su Joropo “Querellas de un Pampero”

[2] Cuarteta que utiliza Alberto Arvelo Torrealba como “pie” de las décimas en su libro “Glosas al Cancionero” (1940)





domingo, 15 de agosto de 2021

LUIS MARIANO RIVERA MÁS ALLÁ DE SU TIEMPO . Por Alexander Lugo

 En mi cantar sólo busco, en mi cantar sólo quiero, cantar las cosas sencillas, que tengan sabor eterno (LMR)

 

 



Mencionar el nombre de Luis Mariano es nombrar a un humilde hombre del campo, quien fuera también poeta avezadísimo en la magia de las palabras y curtido en el arte creador del verso y la metáfora. Evocarlo es concitar alrededor de uno, la primavera entera de aromas del campo, y todos los dulzores del fruto sabroso de la siembra. Es rememorar la fragancia de su canto y la sutil ternura de su música. También es evocar las alegres comparsas callejeras y el teatro popular, andariego y volátil como el saltamontes y la cigarra. O como el Dios “titiritero del amor y la belleza, la libertad y la justicia, la alegría y la creación". 

La fatigada tarde que realza el dorado crepúsculo, revelarán a todos los habitantes de su universo vital de poeta: los insectos y caracolas, el colibrí, el capullo, el rocío y el lucero que se asoma. Todas esas evocaciones nos señalan al prestidigitador mayor del paisaje de su tierra y maravillado colector de su mensaje.

Como Beethoven, como Bach, como Lauro, como Otilio, como otros tantos; Luis Mariano será más que un músico, ¡una Música!

Hombre sensible y comprometido, tarde se adentra en la fascinación de la lectura, pero lo hará de forma voraz. Lee y relee el Quijote, que casi le parece el mejor de todos los libros, y su amor se extiende a los poetas de su estado, sus paisanos: Andrés Eloy, Ramos Sucre, o del gran Andrés Bello. Entiende que todo hombre en cuya alma se encierra la música, tiene el don a su vez de la versificación, y así lo expondrá felizmente en hermosas canciones.

La herencia musical la obtiene de las brisadas de su lar nativo, en el hermoso valle de Canchunchú y particularmente de su tío materno, el “Indio” José del Pilar Rivera, autor o re-creador de la “Jota Carupanera”, el "Polo" y el "Pajarillo Verde". Luis Mariano abriga en su corazón el sentir y palpitar de su pueblo, expresando en la ternura del canto todo su sentimiento. Su discurso poético tiene afinaciones de ternura, invenciones y adivinaciones de la ternura, tan precisa como esta:

 

Cuando te encontré ha muchos años

llevado por tu tristeza interna

por tu semblante donde el dolor había

dejado rastros y marcado huellas…

 Tomé tus manos y con amor te dije

en mi corazón se encuentra un nido

formado con fragancias de ternura

si quieres entrar a él vente conmigo.

 

Luis Mariano -a decir de la folklorista Isabel Artez- es un caso especial de hombre de su pueblo, que poseyendo una excepcional intuición artística logró crear no sólo en la música y la poesía, sino en el teatro popular, expresiones llenas de un sentido humano, venezolano y nacionalista, siendo al mismo tiempo propagador del folklore literario y musical del canto oriental. Sus canciones, nos dice Agustín Blanco Muñoz, están: "llenas de fragancia, amor y tierra, forman parte de la ilusión, la esperanza y el más grande y espontáneo sentir de los hombres llenos de sensibilidad, creación y poesía. Su voz caminante, reinventó la expresión popular, para llevar su mensaje de insurgencia más allá de estos tiempos". 

Las cantoras populares Lilia Vera y Cecilia Todd, así como la mezzosoprano Morella Muñoz, han interpretado buena parte de su repertorio, lo mismo que Jesús Sevillano y especialmente su paisano Gualberto Ibarreto, de quien fue mentor y modelo, a quien bautizó como “el cantor de la voz de pueblo”. Destacando Luis Mariano, como mágico observador de la naturaleza, así como tejedor de la belleza que anida en la vida de los hombres y mujeres de su tierra, en inolvidables canciones.

La mejor poesía de Luis Mariano pertenece a sus canciones campesinas, a la versificación de su embalsamado entorno. Una de sus primeras composiciones (confesada por él como la iniciadora de todo su caudal) había ya descrito por siempre y para siempre, cómo es el verso de Mariano y cómo sus praderas y conucos:

 

Allá en nuestro campo hay humildes flores

que no tienen nombres pero dan olores.

 Flores que no entran, al regio salón,

pero son felices de su condición.

 Flores que conformes se sienten dichosas

en dar sus perfumes a las mariposas.

 En brindar su miel, y brindar su brillo,

a la tierna abeja y a los pajarillos.

 Flores campesinas de ingenuos olores

que tienen de cielo sus bellos colores

 



Y es hermoso comprobar la descripción sublime y tersa como un amanecer, cuadro realista hecho de su aguda observación del paisaje y del sentimiento que anida. En el conjuro del verso y la cristalina evocación donde están convocados los símbolos preferidos por él: el campo, las flores, las abejas que la liban, los pajarillos multicolores y las fragancias cromáticas del amor. Su ternura es medallón y nimbo de los muchos días, de los muchos años de su sublime peregrinar por su espacio de vida; alcanzando otra virtud, haber domado el tiempo y acomodarlo a su frescura, condición que se lleva con el amor. Interrogado en una ocasión de cuál era la canción más triste que conocía, respondió apretujando la tristeza: “No sé… Pero eso sí, tiene que ser en Sol menor. Ese es el tono que más aporrea. Me agarra aquí compai, me agarra más allá de mi tiempo de vida…”. Luis Mariano nunca se quedó en el dolor:

Que hermosa es la vida

cuando se mira a través de estos cristales

Dan ganas de irse tras sus hilos invisibles

ser lirio ser espuma

ser fragancia o ser amor

 

En su declamación sentida y poética, nos revela el “cómo hace versos Mariano”, y con preferencias en las sutilezas de aquellos más sencillos de su maravilloso y mágico entorno: “¡Qué bello es el hombre, o será, cuando el pensamiento esté al servicio de las flores!”. Copio unas estrofas directamente de su voz:

Escobita de monte como te recuerdo

manojo alegre de ramitas frescas

 No olvido escobita de monte

cuando en mi época de infancia

entrabas al rancho que cobijó

mis primeras ilusiones

vistiendo tu traje esponjado de frescura

y apretada, bien apretada la cintura

con tiras de corteza que te daba

el amoroso cautaro y te metías

por debajo de la cama de palo

por detrás del baúl

y dejabas todo limpio,

hermosamente limpio y perfumado

con el aroma de tu savia

y salías al patio

y lo tornabas alegre

hermosamente alegre…

 Yo fiel a ese pasado

siempre te conservo recostada

en un lugar de mi modesta morada

y al verte evoco emocionado

ese tiempo untado de pureza

cuando en nuestra Patria Venezuela

se veía la vida a través

de sus propias costumbres

y nuestra música era

canción preferida del pueblo.


  

Luis Mariano, creo en esta hora de la melancolía, fue el primer cronista popular de nuestros campos, de la historia de la gente sencilla de los pueblos y caseríos, conuquero de las vituallas y de las palabras, pintor de gente llana y pura de su comarca, Poeta, con mayúsculas, de los aromas del campo, de los dorados cundeamores, del lucero que despunta, del aleteo mágico del tucusito. Para nuestra música es el pionero del canto poético y sentido, es decir, el primero de todos, el inventor, el sendero que no deja de alumbrar. Fielmente lo describió la poetisa Mery Sananes, en su búsqueda amorosa del cantor oriental:

Luis Mariano hasta hoy se le ha mantenido bajo las cercas de una tal llamada cultura popular, que no es más que una trampa, para no invadir el espacio de los consagrados. Para no tener que repensar el sentido y función del arte y del creador, para no tener que enfrentar un poder vital que está mucho más allá de libros, museos, bibliotecas y lienzos. Luis Mariano es la mejor expresión del hombre pájaro que atiende a las dimensiones simétricas del vuelo. El hombre flor que reconoce en cada pétalo la magia de una tierra florecida. El hombre canto que traslada a las cuerdas infinitas de su cuatro melodías que resuenan dúlcimas en el interior de antiguas sinfonías y corales.

Se desdobla el poeta en flor, en pájaro, en caracol, en aleteos: ¡Tucusito, tucusito! dime como hizo Dios para hacerte tan bonito: ‘tomó un poquito de tierra, de amor hay algún poquito, cinco gotas de dulzura, cuatro gramos de ternura, sopló y me nació el piquito, las alitas, el plumaje, las paticas el rabito. Donde puso más cuidado fue en ponerme los ojitos, porque buscaba con ello -que además de ser tan bellos- reflejar la inocencia que envuelve mi cuerpecito’.

Luis Mariano nos dejó en este paso por los paisajes floridos de sus campos, el símbolo de un hombre infinitamente sensible, vibrante en toda su esencia por lo que le rodeaba, a todo hecho y experiencia transfiguraba en arte poética su vivir, estimulando una serie infinita de sensaciones, pensamientos y melancolías. Años antes de morir expresó en forma de ruego su voluntad:

Cuando yo muera / quiero que se cumpla éste mi ruego / que mi urna sea sencilla / que sea de cedro / hecha a la usanza antigua / para que mejor carguen mi cuerpo / que mi cadáver repose / antes de partir al cementerio / bajo del techo de mi rancho humilde / donde tantas canciones hice al pueblo /... / y no olviden de poner mi cuatro / con preferencia sobre mi féretro / no puede dejar de ir conmigo / quien fue en mi vida amigo y compañero / oh cuatro de sonoro acento / sencillo instrumento de mi pueblo / que mientras más sencillo eres más puro / y mientras más puro eres más bueno / a ti te debo mucho lo que fui / a ti te debo mucho lo que dejo / ¿y qué puedo pedir para mi tumba? Una lápida que diga así estos versos / aquí yace Mariano poeta campesino / cantó a las flores cantó a los pájaros / cantó a la tierra y cantó a su pueblo.

Cada lenguaje tuyo Luis Mariano, es una tradición, cada sonido tuyo, un símbolo de armonías y texturas, cada verso una fragancia, cada pensamiento un énfasis, una osadía. Tu obra, ¡espléndida! es pacto de compromiso con la vida y con la determinación creadora. Procuramos en el día a día, vivir de lejos la vida que fue tuya, maestro de las flores, abrigo de las ternuras. Nodriza de las querencias, perfumador de todos los caminos, encendedor de crepúsculos, tristeza de atardeceres. 


Alexander Lugo Rodríguez

19 de agosto de 2021

A 115 años de luz del poeta de Canchunchú





Escuchen nuestro arreglo de "Canchunchú Florido". Interpretado por el Ensamble Entrama'o:




Ensamble Entrama'o - Canchunchú Florido de Luis Mariano Rivera

Fernando Guerrero y su andar inquieto tras las huellas de un Arpa... Por Alexander Lugo

  El Arpa, imponente maga que traspasa culturas y memorias. Atada a ti, como un hechizo...  ¡Cuántas cosas!  Una espada con runas, que brill...