miércoles, 2 de agosto de 2023

El Deslumbramiento Musical de José Ángel Lamas Por Alexander Lugo

 

 

La mayor parte de las obras maestras lo son de oscuridad, diría un alucinado Ramos Sucre, y allí, en ese rumor de quejumbrosos acordes, en el estirado aire Largo y doloroso del Motete, rondaba la pluma trémula y magistral de un ser iluminado, nacido hace casi dos siglos y medio, bautizado en la caraqueña parroquia de Altagracia con el nombre de Joseph de los Ángeles del Carmen.

 

A José Ángel, como lo llamarán desde niño, lo suponemos taciturno, melancólico y retraído, en una ciudad de castas y de colores, que privan por encima de cualquier otra cualidad; blancos, mestizos, pardos, mulatos, negros, indios. Saberse de ese primer grupo pero en el último escalafón: “blancos de orilla”, sin ningún bien de fortuna, blancos pobres, blancos sin derechos, en la cúspide de la castiza pirámide y en el fondo del grupo social, en el sedimento.

 

En su mundo interior desfilaban imágenes y tumultos que no entendía, pero que no dejaba que perturbaran su silencio monacal, dentro de él un sereno cataclismo de sonidos lo embriagaba. Al alma del tímido niño la cruzaban insondable rutas de centelladas esferas que sólo él transitaba, todo era música y solamente música.

 

José Ángel Lamas, tendría 14 años cuando es nombrado voz principal (tiple) en el Coro de la Catedral de Caracas, su amigo Cayetano Carreño, un año mayor, ya se había ganado el puesto de organista en dicha Catedral. Siete años después, Cayetano ascendía al importante cargo de Maestro de Capilla y José Ángel es nombrado bajonista, y allí permanecerán los dos amigos a lo largo de sus vidas.

 

Comienza nuestro personaje a componer desde muy temprano en su corta vida, y mucho, como los genios de vida breve que intuyen su fugacidad terrenal, no se da sosiego y se dedica en cuerpo y alma para lo que está predestinado.  Al cumplir los 26 años, finaliza la obra que lo identificará hasta el sol de hoy y que se ha convertido en el modelo más acabado de todos los compositores de su generación, El Popule Meus. Aquel viejo y recurrente Motete que multiplicaban las sirenas de las carrozas fúnebres en el pueblo de mi infancia, y que tanto me desvelaba.

 

En su recóndito universo preñado de músicas, amó Lamas la paz, y anheló la soledad en búsqueda de certezas, de una verdad, de una quimera lejana y triste que lo hechizaba. Sintiendo -como Ramos Sucre-, que: “La devoción y el estudio me ayudarán a cultivar la austeridad como un asceta, de modo que ni interés humano ni anhelo terrenal estorbarán las alas de mi meditación,”.

 

El Popule Meus devela un sendero de lo “por venir” en el mundo de la música. Escrito para cuarteto de cuerdas, oboes, cornos y coro a tres voces, es la obra cúspide de un periodo musical de formas preestablecidas en “perfecto equilibrio” y armonías consonantes. A partir de esta obra se incrementa su producción. Varias de ellas se conservan y llegan hasta nosotros, como salvadas de la inclemencia y el descuido, que incluso hizo estragos con sus restos mortales.

 

Van pasando aceleradamente los violentos años y nuestro compositor se mantiene firme en su sagrada misión de trascender por la música, llega el decisivo 19 de abril de 1810, todos sus compañeros músicos participan de una u otra manera en los determinantes eventos. Lamas ya había concluido su Misa en re; y nace su hija, María Josefa del Carmen, un 13 de mayo de 1810.

 

Podemos presumirlo entregado con pasión a su mundo interior, a sus impulsos creadores que lo reclaman: “En medio del hervor político, del entusiasmo de sus compañeros, el compositor se siente como aislado en su labor de artista. Nada exterior hace eco en sus oídos de músico. Oye hacia dentro, se escucha silenciosamente. Aquella música que brota de su ser canta al Dios que muere por él y por los demás hombres clavado en una cruz”, nos ilustra un inspirado musicólogo estudioso de su vida.

 

Hay un misterio en su consagración a la creación musical compulsiva, ni el acontecimiento personal de ser padre, ni los reclamos históricos de la patria, lo conmueven de su entrega total. Lo intuimos “encendido” y presintiendo que su vida se acorta.

 

Así continuó Lamas hasta donde le alcanzaban las fuerzas, sumergido en su feudo la música, que no era de este mundo, abstraído de la vorágine que lo arrasaba todo. Llega el mes de julio de 1814, mientras la ciudad se anegaba en sangre, culmina la que sería su última obra conocida: el Ave Maris Stella en re menor (homónima de la de 1808 en mi bemol).

 

El 10 de diciembre de aquel doloroso 1814, falleció en Caracas, el más grande compositor de la época Colonial y principios de la República y uno de los más geniales de nuestros músicos, José Ángel Lamas, había nacido un 2 de agosto de 1775. Su llama se extinguió, como si se apagara ante tanto dolor.

 

Para aquel que parecía insensible y ajeno a todo cuanto sucedía, su espíritu de luz no soportó seguir viviendo entre tinieblas. Tenía 39 años.

 

José Ángel Lamas soñó desde niño con la música; compuso música a lo Divino, vivió en un recóndito universo lleno de música, y tal vez por eso, fue el más grande de su generación y la mayor gloria de Venezuela, en el mundo musical de entonces.

 

Creó música para los Ángeles, para la Vida, para Dios, y esperó sereno el llamado de la muerte, seguro de haber entregado la luz de su espíritu:

 

Ella vendrá, en lo más callado de una noche, a sorprenderme junto a la muda fuente. Para aumentar la santidad de mi hora última, vibrará por el aire un beato rumor, como de alados serafines, y un transparente efluvio de consolación bajará del altar del encendido cielo. (José Antonio Ramos Sucre)

 

Alexander Lugo Rodríguez

(revisado el 2 de agosto de 2023)

 



martes, 1 de agosto de 2023

Los Espejismos Sonoros del Indio Figueredo: La Inmortalidad de sus Andanzas. Por Alexander Lugo


 

    El “Indio” Figueredo no escogió ser músico, la música lo escogió a él, aquella  que acompaña al llanero en todos sus momentos, sean los de la recia faena, así como los festejos del santoral, o las fiestas célebres de los pueblos apureños, como la de Achaguas para los días santos. Pero sin duda será en los Joropos que se formaban en cualquier hato, fundo, o simple reunión de peones, propicios para el baile, el contrapunteo y los variados registros del amor, donde mejor se arrellanaban las cadencias de un arpa aquerenciada y febril. Los “golpes” recios, preferidos para el zapateo y escobilleo del baile, cuando no, apropiados para el contrapunteo, alternaban con los “pasajes”, verdaderas epístolas cantadas, mensajeros de amores en fragua, como en “Las Ramas del Guayabo”. También de cortés saludo al anfitrión, como en “Hato la Verdad”, de igual modo para enaltecer el imponente paisaje llanero o los asuntos del diario vivir: “El Privarresuello, Mi Camagúan, Los Caujaritos, La Gaviota, El Cunavichero”.

     La huella del “Indio” Figueredo, el de las dos manos cantarinas, tramoleadas y sesquiálteras, el del “bordoneo perreao”, con sus “espejismos melódicos”, paradigma del arpa recia con sus bajos omnipresentes, temprano comienza a hacer historia en parrandos llaneros, -mucho antes de pisar un estudio de grabación-, jolgorios propios del llanero donde una música y un palpitar de la poética en las venas del arpa, desgranaban completos alijos de hábitos que se echaban a rodar ante el ímpetu que sacudía toda estructura mohosa, fantasmales notas que se esparcían y no dejaban cimientos en su sitio, después de alborotar los briosos cordeles que espantaban sones en bandadas que brotaban libertos y sin rebusca.

    Dejó nuestro arpista una enorme cantidad de temas musicales, tanto aquellos reconocidos de su autoría, como los que trajo del olvido, rescatando, arreglando, o adaptando de otros instrumentos:

La chipola, -“golpe” que aprende oyendo el tañer de la bandola de su padre- también nos consagró con sus memorables interpretaciones de: Seis por Numeración, Zumba que zumba, Guacharaca, Gaván, Seis perreao, Catira, Gavilán, Carnaval, San Rafael, Quirpa, Pajarillo y Seis por derecho, por nombrar sólo algunos.

    Corresponde a este músico, ser llamado, sin titubeos, el surtidor y faro mayor de la canta y la música llanera y principal eslabón de lo que fue durante un siglo completo la tradición sonora y de lo que, a partir de él, apenas comienza a asomarse de nuevas propuestas, toda la música del inmenso llano está cimentada en lo que hizo, deshizo o dejó de hacer este arpista del Cunaviche, nacido el último año del siglo XIX y fallecido un lustro antes del s. XXI.

     Dijo con su arpa el “Indio” Figueredo, más de lo que se había dicho y hecho en 200 años de tradición, desde las antiguas arpas llevadas por los misioneros a partir de 1722 al corazón del llano, agregándole a esto los casi 100 años que vivió, dejando al menos 400 composiciones. Se puede aplicar al “Indio” lo que el poeta Ángel Eduardo Acevedo buriló de Alberto Arvelo Torrealba: “Dijo lo que aguas, montes y lejuras de sus correrías le sembraron y le germinaron, lo que callaban y cantaban, simples, los plenos humanos entre cuyas bregas creció”.

     En la inmortalidad de sus andanzas llaneras, se arrinconan y apagan la voz lacia de los antepasados; y las osadías sonoras que brotaron de su ingenio, aturden y socavan toda una tradición de hábitos y rutinas. Desde sus inicios se prefigura todo lo que haría después. Por lo que dejaba entrever, por lo que prometía de algún modo.

     El “Indio” será el poeta por excelencia de lo que grita y de lo que esconde la llanura, su intérprete de mayor clarividencia. “Haber mirado las antiguas estrellas, haber mirado esas luces dispersas, haber sentido el círculo del agua en el secreto aljibe, el olor del jazmín y la madreselva, el silencio del pájaro dormido, la humedad… -esas cosas acaso son el poema-”, (Borges).

    Por todas sus inventivas sonoras menudean fehaciente su llanería. “Como un grato declive, como una música esperada y antigua”.

 


(Alexander Lugo Rodríguez, más allá del Cunaviche)




jueves, 27 de julio de 2023

DEL SOLITARIO Y DICHOSO OFICIO DE ESCRIBIR Por Alexander Lugo


 


En algún lugar de su obra, entre tachaduras y manchas de vino, Beethoven escribió que “La Música es la mediadora entre el mundo espiritual y el de los sentidos”. Algo similar llegó a pensar Hegel cuando dijo que “Toda actividad que tiene por objeto la belleza es una liberación”, asumiendo a la música como el arte de los sentimientos.

 

Por su parte Descarte, razonó que “La Música tiene por misión fascinar a los hombres y despertar en sus almas los más variados sentimientos”. Nietzche, muy beethoveniano, lo enaltece cuando sentencia que “Este arte libera el espíritu y da alas al pensamiento.

 

En nuestro caso, La música siempre está presente, en el pensamiento y en el quehacer diario. Más que una disciplina de estudio, que lo es, más que una técnica de perfeccionamiento continuo, más allá de ser un arte de dimensiones filosóficas, la Música es una forma de vida, de ver la vida, una manera de ser y estar en el mundo de la vida.

 

Es una magia que te envuelve como una revelación espiritual que te guía y acompaña en la reflexión y en el pensamiento profundo, así como para Beethoven "La música es una revelación mayor que toda la sabiduría y la filosofía", es la música para mí, un impulso de múltiples sensaciones que bien puede expresarse en la majestuosidad de una sinfonía coral como la Oda a la Alegría, o como el arrullo íntimo y cálido de una madre susurrando la canción de cuna que duerme al hijo.

 

Pero no es la música sino, ese impulso estremecedor que te convierte en luz sonora y sideral y que justifica tu estancia en el cosmos.

 

(Alexander Lugo, en algún lugar del orbe)


domingo, 16 de abril de 2023

EL NOMBRE DE MARISELA EN LA DIVERSIDAD MUSICAL Por Alexander Lugo

 



 

El “Juego de Marisela” se escenifica en “los velorios de cruz”; en su interpretación musical lo titulan: Golpe de Marisela (Tono de juguete). El cantor portugueseño Vidal Colmenares, dejó testimonio grabado con Los Cabestreros de Guanarito, en el Centro de la Diversidad Cultural de Caracas, año 2010. En ella apreciamos, que se ejecuta con bandola llanera, cuatro, bajo y maracas. Cantada a dos voces, en estilo de contrapunteo (Vidal Colmenares y Luis Camacho).

Está ejecutado en ritmo de Galerón llanero y en tonalidad mayor (Re), la forma de la Porfía es de Canto trasverso, -a excepción de la estrofa de inicio- también denominado ‘canto coleado’ por retruécano, que consiste en que los dos versos finales del proponente los repite el otro cantante en forma invertida:

Voz 1: Marisela se perdió la madre la anda buscando / quién ha visto a Marisela, en los Fandangos bailando

Voz 2: Por aquella loma arriba yo la vide que venía / y el que no baile con ella tiene la prenda perdía.

Voz 1: Tiene la prenda perdía el que no baile con ella / yo no bailo ni que tenga en el cuerpo una botella.

Voz 2: En el cuerpo una botella yo no bailo ni que tenga / ninguno me obliga a hacer, lo que a mí no me convenga…

           

 La marisela como forma musical estructurada dentro de la revuelta del joropo central o “tuyero”, ha inspirado obras musicales en otros ámbitos y estilos. Tenemos el caso del compositor Sebastián Díaz Peña nacido en Puerto Cabello en 1844, uno de los grandes músicos de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX.  El 14 de septiembre de 1877 se publica en el periódico ‘La Opinión Nacional’, su afamada composición para piano “La Maricela” (sic), “calcada sobre motivos de aires nacionales”, como anuncia la reseña de prensa del citado medio. Para el musicólogo José Peñín, fue la primera vez que un compositor académico, tomando como referencia la música de tradición oral, compone “una de las obras de mayor virtuosismo en la literatura nacional para piano”[1].

 

El Joropo Central es propio de los estados Miranda, Aragua, Distrito Capital y partes de Carabobo y Guárico en Venezuela, podemos considerarlo como “el más singular dada su gran elaboración y particularidad tímbrica. En su ejecución, una persona hace de arpista, mientras otra canta y toca las maracas”. Veamos una definición de la Revuelta, que nos sirva para rastrear nuestra marisela:

Una forma distintiva del joropo central es la revuelta, pieza que usualmente inicia el baile en las fiestas y consta de una serie de danzas encadenadas y sin interrupción que forman una secuencia cuya intensidad crece hacia el final. Se compone de cuatro partes o secciones básicas que van enlazadas entre sí: pasaje (en tono mayor o menor), yaguaso (pato silvestre), donde el cantador luce sus dotes de improvisador, guabina (pez de río), canción de desarrollo armónico fijo, y marisela (o maricela), sección instrumental donde se aprovechan todos los registros del arpa. La marisela, a su vez, suele terminar con una pequeña coda, que anuncia el final de la pieza, denominada llamada del mono. (Ortiz, 2003).

 

Fernando Guerrero también nos da una reseña de la marisela en este sentido, pero añadiendo detalles de la técnica empleada en su ejecución: “es la parte más lucida para el arpista, constituye un “registro” del instrumento y una demostración del intérprete, exhibiendo “bajeo”, variaciones, cambio de tonalidad…”[2]

Observó Peñín que la composición La Maricela, de Díaz Peña, aunque datada de 1877, al menos su nombre, proviene de mucho antes:

Debemos hacer notar que el término maricela aparece ya en La Gazeta de Caracas del 18 de junio de 1811 refiriéndose a un oficio de San Fernando de Apure del 8 de mayo de ese año en los siguientes términos: “…posterior a esto se animó un coro general de galerón, maricela, zapa, yuca, huerfanita y otros ingenios cantos del país”[3].

 

En 1876 llega al país procedente de Alemania, el Doctor Carl Sachs (1853-1878), en noviembre de ese año se instala en la ciudad de Calabozo para realizar estudios sobre el “temblador” –anguila eléctrica- y otras especies de nuestros ríos, como el caribe o “piraña”. Al asistir a un “baile de joropo”, el viajero nos deja impresiones dignas de revisar:

El baile es de carácter tranquilo y suavemente arrullador. Pero causa una impresión de osadía y vivacidad por las parejas que no se mueven siguiendo una fila en contorno, sino meciéndose en vueltas sin orden, e igualmente por la música característica y por el penetrante ruido de las maracas. Se distinguen diferentes clases de baile: joropo, fandango, galerón, maricela, zapa y cachucha; pero todas son de carácter muy semejante[4]. (Peñín, 2002)

 

La Maricela de Sebastián Díaz Peña, inspirada (o “calcada”) de la parte más brillante del arpa en la revuelta tuyera, a su vez, sirvió de inspiración (o también de calco) para obras de otros reconocidos compositores venezolanos, tales como: Ramón y Gabriel Montero, pertenecientes a una amplia familia de músicos:

Entre las curiosidades que rondan el tema tratado, hay que señalar la coincidencia exacta entre la sección de la Maricela que Sebastián Díaz Peña señala como Canto y un manuscrito que reposa en Biblioteca Nacional titulado El Joropo, que lleva en la portada la firma de otro músico venezolano, Ramón Montero. Al lado de la firma aparece escrito a tinta, 1879. (Peñín)

 

 

Pedro Elías Gutiérrez, conocido autor de la música de la zarzuela “Alma Llanera” –sobre textos de Rafael Bolívar Coronado-, también ‘llevó lo suyo’ por recurrir al ya trajinado “calco” expresado en el periódico La Opinión Nacional de 1877. Veamos otra vez lo que advierte Peñín: “no faltaron voces que lo tildaron de plagio por el hecho de coincidir sus primeros compases con la parte también del Aire de valse de la Maricela de Díaz Peña”.

 

Por último, se nos presenta Marisela, en una hermosa forma musical y manifestación popular que se fomenta por los valles de Orituco del estado Guárico y sus adyacencias: “La Marisela” junto con su hermana “la Guaraña”. La ‘Parranda’ consiste en una pieza musical que representa, de forma jocosa, el momento de entrada del grupo que la interpreta en las casas que visitan en sus recorridos tipo comparsa. El canto simboliza un saludo, un permiso y una conquista. Es una ejecución alegre y entusiasta. Se dice que no existe guaraña sin marisela ni marisela sin guaraña. Los versos suelen ser improvisados, se cree que repetir alguno trae mala suerte.


Esta parranda, compuesta por un muy variable número de individuos, los cuales interpretan piezas musicales de ritmo muy peculiar, llamadas “Cantos de Negros”. La diferencia entre los dos cantos -guaraña y marisela-, obedece casi por completo a su aspecto lírico, ya que en el musical son bastante similares.

Tanto la Marisela como la Guaraña, se tocan en tiempos binarios. Con la primera se entra y con la segunda se sale. Así reza el refrán; así se hace en la práctica. Con la Marisela se pide abrir la puerta, si está cerrada; o se solicita el permiso para pasar si está abierta. Con la Marisela se saluda al “cabeza de familia” y se halaga a la dueña de casa; se florea a la joven que engalana el hogar y se loa al resto de los presentes:


En los valles de Altagracia / se canta la marisela / y junto con los muchachos / los negros forman rochela.

Marisela de saludo / guaraña pa’ despedí / y en el Valle de Orituco / fue que yo me la aprendí.

 

Marisela, juego y baile en los velorios de santos; marisela, “canto del arpa”; marisela, parte virtuosa del arpista en la revuelta; maricela, joropo de salón en el piano y “alma llanera” en las retretas. Marisela, “parranda de negros”, “negros pintaos”, “negros de plaza”, que conjuntamente con la Guaraña, enciende las calles de Orituco y El Guapo, alborotando el pueblo con sus jolgorios y vistosos gorros.

Marisela, nombre bonito de joropo, que nos escobillea en el alma.

 

Alexander Lugo Rodríguez, 16 de abril de 2023

 



[1] José Peñín: La Maricela. Revista Bigott nº 60. Caracas, Fundación Bigott, 2002

[2] Fernando Guerrero: El Arpa en Venezuela, Fundarte 2016

[3] José Peñín, op.cit.

[4] En Peñin, 2002.

jueves, 6 de abril de 2023

LA MÚSICA DE CUATRO EN DOÑA BÁRBARA Por Alexander Lugo

 



A los 54 años de la partida de Don Rómulo Gallegos y los 19 del nacimiento de ‘La Siembra del Cuatro’

 

Alexander Lugo

 

Doña Bárbara, la emblemática obra de Don Rómulo Gallegos, está impregnada desde su inicio, de diversos aspectos musicales que acompañan en todo momento la vida del llanero. En las faenas rudas del diario trajín con la naturaleza, en los caudalosos ríos que cruza a nado, en la copla quejumbrosa guiando al ganado por leguas y leguas de camino, en el rodeo de los potros salvajes y bravos toros. También enfrentándose a la naturaleza en la ‘quema’ y preparación de las tierras y en los ratos de solaz, en la cabalgadura, en la melancolía, en el jolgorio de las fiestas de joropo, y hasta en la fáctica confrontación del bien y el mal –‘contrapunteo de la vida y de la muerte’- de la civilización con su antagónica, la barbarie. La música acompaña, ambienta y potencia todo la trama del relato.

 

Los Instrumentos Musicales

Del conjunto de temas que destacan desde el punto de vista sonoro en “Doña Bárbara”, los instrumentos musicales se articularán constantemente, musicalizando las escenas y armonizando el relato. De las múltiples referencias que brotan de la pluma de Gallegos, dirigida a la organología musical, cinco son los instrumentos que destacan y que son claves en la vida del llanero: Las Maracas, El Arpa, La Bandurria, La Guarura y por supuesto El Cuatro.

 

El Cuatro



Nuestro instrumento nacional por excelencia, presente en todos los géneros de nuestra musical tradicional, con muy pocas excepciones, a lo largo de la novela se menciona con sus rasgueos y punteos en diferentes momentos y situaciones. Particularmente en la sección denominada: Coplas y Pasajes. Allí aparece mencionado en referencia al tema de los recios inviernos que azotan el llano y anegan las sabanas, con el alejamiento de las lluvias y fuertes crecidas de los caños, se van también las fiebres que deja el paludismo y las distintas epidemias que brotan de las aguas infestadas, clarea el día y retoma el llanero el corrido y los pasajes, acompañado de su inseparable Cuatro, “cantando en coplas a sus amores, sus trabajos y sus bellaquerías”.

El llano tiene mucho de los sonidos profundos y atrayentes que lo denotan, los silencios también son tremendamente descriptivos del entorno. Cristóbal Jiménez en el golpe de Chipola La Marisela, describe que:

Los sonidos misteriosos que pueblan triste la noche

el canto dulce y sencillo del pájaro en el mogote

y el tiple llora jipiao, pa’ que el bordón se trasnoche.

 

Las armonías del cuatro se integran a la polifonía del ambiente llanero, cuando Santos Luzardo, reflexivo, se abandona de nuevo a la tierra que lo viera nacer y que lo ahuyenta y atrae con la misma fuerza:  

“Y entretanto, afuera, los rumores de la llanura arrullándole el sueño, como en los claros días de la infancia: el rasgueo del cuatro en el caney de los peones, los rebuznos de los burros que venían buscando el calor de las humaredas, los mugidos del ganado en los corrales, el croar de los sapos en las charcas de los contornos, la sinfonía persistente de los grillos sabaneros, y aquel silencio hondo de soledades infinitas, del llano dormido bajo la luna, que era también cosa que se oía más allá de todos aquellos rumores[1]”. 

 

En la sección VIII Candelas y Retoños, se describe un día en que amaneció todo verde, luego que “Las candelas dejaron nuevecita a Altamira”:

“Volvieron las cimarroneras a sus acostumbrados refugios, las greyes mansas al sosegado errar por sus comederos habituales y las yeguadas a los alegres retozos de sus rochelas. Volvió el Cuatro a las manos de los peones, por las noches bajo el caney, y Marisela a los buenos modales y a las lecciones. 

Y todo fue como los retoños después de las candelas”.

 

Ciertos criterios y reflexiones referentes a nuestro instrumento nacional, los dejo en las voces de algunos poetas, cultores e investigadores para que lo ilustren. Es tan cotidiano el encuentro con nuestro Cuatro, que se ha dicho mucho y se conoce poco, las descripciones organológicas e históricas, huelgan en este momento, me limito a dejar sus testimonios[2], reflexiones ontológicas en boca de algunos filósofos del sonido y de las querencias que conforman la nacionalidad, de aquello que nos define como nación, como vegueros de un destino que se nos pierde. Veamos:

 

Testimonio 1:

Yo no creo que haya un rincón en el país en donde un Cuatro no haga falta, así como un fogón, una cocina. A donde llegas, lo ves colgado. Mostrando todo el respeto, toda la ternura que hay en el país...

Es un instrumento de rebeldía, porque estamos aporreados, en crisis, ¡están en peligro nuestras almas, nuestros sueños…!

 

Testimonio 2:

Es ese Cuatro signado por el ritmo, es su técnica, es su afinación destinada a integrarlo en el incendio o la tranquilidad de los acompañamientos, lo que es exclusivamente americano.

 

Testimonio 3:

El Cuatro salió no para puntear. Salió como acompañante. Yo toco sólo charrasqueado. Con un golpe muy especial, eso dicen, sincopado… ya con los años me he ido apagando un poco, pero sigue teniendo sus revueltas... me acuerdo que una vez acompañando a un gran músico en el violín, yo varío el golpe de acuerdo con el giro que toma la música. Y estábamos tocando Conticinio. Y llega la parte esa que pasa de mayor a menor. Me gusta mucho. Allí, bueno… yo vivo eso. Y de la emoción rompí el Cuatro… ¡Lo abracé muy fuerte, más de la cuenta!

 

Testimonio 4:

Ningún español toca el Cuatro, ni ha tocado cuatro, ni sabe de cuatro…

El Cuatro lo inventaron los campesinos, los pescadores… Lo inventó la gente. Los que lo usan.

 

Testimonio 5:

El Cuatro está en todos los ambientes naturales geográficos originales del país. El Cuatro es un hacedor de patria. Se habló de patria, y después se habló de padre de la patria, con Bolívar. Padre de una patria que todavía no somos. Y es que el Cuatro comenzó a hacer patria y continua haciendo patria por esa ruta que tú dices…que es de la fibra o cuerda más honda.

 

Testimonio 6:

Si intentamos mirar en la cara lo que dice la palabra Cuatro, el sentido que nos revela el Cuatro cuando lo mentamos, él nos trae eso de la parrandita, de la fiestecita, de cosa no ordenada. De tal manera que ese rasgo, que es visto como negativo, es una de las razones por la cuales se constituye el Cuatro en el corazón de Venezuela, como fundamento.

Estaba pensando que además de eso, que además de los animales y los vegetales, el Cuatro es agua, y brisa, es tierra, es mineral, es sol de mediodía, es universo. De ese modo, por ese acercamiento, por esa liberación, hay algo de liberación.




Para cerrar lo referente a este instrumento tan nuestro, tan metido dentro de nosotros, transcribo unas reflexiones escritas en su amanecer trujillano, con el paisaje en los ojos y las armonías de su cuatro en el corazón, del maestro Pablo Camaro[3]:

El cuatro es ese amigo que a través de su canto, equilibra los sentimientos y motiva la paz interior de cada ser. Es ese confidente que habla y vibra en la frecuencia del amor que le imprime su ejecutante. Son solo cuatro cuerdas que custodian una celda acústica, pero que bien tratadas, pueden producir una explosión de colores sonoros que conmueve al ser humano, a la naturaleza e ilumina el espacio donde él mora[4].

 

Alexander Lugo Rodríguez





[1] Doña Bárbara. Sección V: La Lanza en el Muro.

[2] Estos Testimonios aparecen en el libro: El Cuatro, de Alberto Arvelo Ramos, con fotografías de J.J. Castro, talleres Gráficos de Ex Libris, C.A., 3/12/1992. (El resaltado en negritas es nuestro).

[3] Fundador del Grupo Raíces, Cuatrista de alto vuelo y gran compositor.

[4] Testimonio enviado al autor de este ensayo como “nota de voz” vía https://web.whatsapp.com/


sábado, 2 de abril de 2022

18 Años de Siembras y Cosechas Por Alexander Lugo




 

La Siembra del Cuatro, es la labranza de la dignidad

cultural venezolana,

en pos del hombre universal

que florece en cada sonido del alma

(Hurtado / Mendoza)  


Este lunes cuatro de abril se cumple la mayoría de edad del programa musical, centrado en nuestro instrumento nacional como protagonista, más relevante y de más altos logros de nuestra historia musical reciente. Concebido inicialmente como festival competitivo, se ha diversificado orgánicamente como un dinámico movimiento de divulgación y promoción de nuestros jóvenes valores ejecutantes del Cuatro, desde el orden interpretativo -tanto como solistas, como en la importante función de cuatristas acompañantes-, hasta la de compositor, docente, arreglista y luthier.

Con la intención de promover el desarrollo de los ejecutantes y por ende del instrumento musical que representa y define más nuestra identidad musical, el Cuatro, se ha desplegado, gracias a ‘La Siembra’, una plataforma de proyección artística a nivel nacional e internacional, contagiando con esto, a estudiosos y seguidores de nuestra música nacional en sitios tan lejanos como Japón, por nombrar un solo país, donde es sorprendente el fervor que cada día toma nuestra música.

De cómo nació este fabuloso movimiento, de su rutilante trayectoria, de los grandiosos solistas, virtuosos que brillan con luz propia y que han pasado por sus festivales, y en fin de las proyecciones y cosas aún por hacer, nos hablarán, en un dialogo cruzado a tres voces, su creador Asdrúbal “Cheo” Hurtado (ChH), Marco Tulio Mendoza (MTM) y Fernando Millán (F.M). Nos limitamos a triangular y ‘poner a conversar’ desde la distancia, a estos protagonistas y custodios del significado de la fértil cosecha de “La Siembra del Cuatro”.

El Ensamble Gurrufio comenzó a hacer unos talleres de “Aprende y Toca con el Ensamble Gurrufío”. Entonces qué era lo que hacíamos: Que Laya agarraba sus alumnos de maracas, yo los de cuatro, Luis Julio flauta y “Zancudo” los de bajo. Ahí empezaron a llegar muchachos que algunos los conocía, por ejemplo Héctor Molina fue para esos talleres, Carlos Capacho, y así otros, imagínate estamos hablando del 2002, 2003; y siempre la clase mía tenía más gente pues, de allí salieron un poco de muchachos que yo conocí, tocaban “Apure en un viaje”, tocaban “El Pajarillo”, tocaban cosas de los discos de ‘Gurrufío’ y de los discos míos. ((ChH)

 

Nació de una visión responsable, orientada hacia las acciones de promoción y desarrollo del instrumento por excelencia de nuestra identidad musical, “el cuatro”; utilizamos como pretexto temporal, la celebración de una fecha cabalística, “día cuatro, del mes cuatro, del año dos mil cuatro” y su relación homófona con el instrumento, circunstancia por demás incitadora de encuentros de sueños y acciones. (MTM)

 

En Ciudad Bolívar hice la primera reunión, yo era Director de Cultura, claro ahí me apoyé también del estado e hice la primera reunión ahí, otra en Carupano, luego creo que en Barquisimeto, Caracas… oye vale eso fue un éxito. Ese mismo año 2004, junio o julio, ya estábamos haciendo el primer festival -internacional- porque invité a cuatrista que ya yo había dado talleres en Colombia y en Aruba. Y vinieron de Aruba y vinieron de Colombia, comenzó el festival con carácter internacional de una vez. Entonces de ahí todo lo que ha continuado pues, se han hecho alrededor de siete concursos, y otros han sido encuentros, o sea festivales participativos más no competitivos, se han hecho festivales de composición. ¿Por qué? porque normalmente el Cuatro como repertorio no tenía, o no se habían hecho melodías con el cuatro, sino que nosotros versionábamos el “Diablo Suelto”, “Los Potes de San Andrés”, la música de Lauro, los Joropos. (ChH)

 

En cuanto al origen, la génesis de ‘La Siembra’, recuerdo que fue, según las propias palabras del psiquiatra Mendoza Vielma, quien era a la sazón, Director de Cultura de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado, y en una ocasión que fuimos a bautizar un disco que le hicieron a Bracho [Ibrahim], fui como guitarrista, “Purrungo” [José Salazar] como mandolinista, Argenis Zabala “el guardiero” como bajista, y Bracho como cuatrista. Fuimos a Barquisimeto, eso debe haber sido entonces, a finales del 2003 o comienzos del 2004, y nos refería Marco Tulio Mendoza Vielma (ese era su nombre) él es psiquiatra por cierto, que en la terraza de su casa allá en Santa Rosa, Barquisimeto, que: “aquí en esta vista que tienes acá, soñábamos conjuntamente con Cheo la fecha por emblemática de que el cuatro de abril de 2004, por la coincidencia de 4, 04, 2004, se escogió como la fecha de inicio, de arranque de La Siembra del Cuatro”. No sé si sería de la charla de estos personajes, -Cheo Hurtado y Marco Tulio Mendoza- de dónde provino el nombre de ‘La Siembra’. (FM)

 

Entonces se me comenzó a prender el bombillo y dije hay que hacer algo, y una vez Ernesto Laya me presentó a un muchacho de Carabobo, Nelson González, y cuando vi a Nelson dije, definitivamente sí hay que hacer algo. Y entonces esa fue como la chispa pues, que prendió la cosa, y andaba con esa idea. Eran siete, ocho, nueve muchachos que tenían destrezas y se lo comenté a Marco Tulio Mendoza una vez que fui a Barquisimeto, yo iba mucho a Barquisimeto, “mira vale tengo una idea de hacer un festival”, y le comencé a contar, bueno lo que había pasado después de esos talleres de “Aprende y Toca con Gurrufío”. Y le dije bueno, de hacer un proyecto: llevar el instrumento a las escuelas a todos los niveles, sembrar las maderas, en cada estado poner un taller de luthería de fabricación de instrumentos… Y él me dice en el trayecto del aeropuerto al hotel: “Cheo eso que tú quieres hacer eso es una siembra del Cuatro”, yo le dije bueno ese es el nombre. (ChH)

 

Comentando más adelante con Cheo –recuerda Alex que yo me dediqué y nunca abandoné la docencia, hasta hace casi cuatro años que me jubilé-, yo siempre lo observé desde el punto de vista del docente, más que del músico ejecutante, y yo le decía a Cheo, le insistía, y todavía lo hago pues, que lo de ‘La Siembra’ estaba muy bien, y de hecho los resultados no pueden ser menos halagadores, que desde que aparece La Siembra del Cuatro, se ha, tanto internacionalizado como a lo interno, nunca antes se había publicado tantas grabaciones, se habían editado tantas producciones musicales, en el cual nuestro instrumento (nacional) fuera el protagonista. (FM)

 

Y así sale la idea, comencé a convocar a los muchachos, a buscar plata, tenía una amiga en el Ministerio…, porque este proyecto comenzó con este gobierno, las cosas hay que decirlas, por supuesto, ‘La Siembra’ tiene 18 años y este gobierno tiene veinte y pico…  Entonces la primera gente que me apoyó a mí fue la del Ministerio de Cultura de este gobierno, entonces una amiga que estaba allí… y ahí comenzamos, el 04, 4, de 2004. Pero si te cuento de alguna manera grosso modo, cómo es que hemos llegado a 18 años. Ya los muchachos han traído premios de Colombia, de Estados Unidos, Grammy’s, reconocimientos y bueno ojalá esto te sirva de cómo comenzó esto que ya no es un proyecto sino una realidad. (ChH)

 

Muestra de ello, nombres como: Carlos Capacho, Jorge Glen, Miguel Siso, Liceth Hernández, Albert Hernández, Roney Silva, José Luis Lara, Nelson González, Luis Pino, Orianis Cedeño, Juancho García, Ernesto Ramírez, Edward Ramírez, Henry Linares, Libardo Rey, Wilfredo Cardona, Fermín Deyán; y agrupaciones de la presencia de “C 4 Trío”, quienes se pavonean por el mundo, asombrando multitudes y desconcertando positivamente a los más acuciosos maestros de las artes sonoras. Nunca antes se habían reunido tantos jóvenes talento alrededor de nuestro emblemático instrumento; definitivamente es el mejor momento cuatrístico de todos los tiempos… Para dignidad de nuestro patrimonio cultural, sus ejecutantes hicieron vestir de gala y señorío la presencia   del cuatro como instrumento insólito en el mundo artístico universal… la mayoría noveles y de proyección artística musical local, poseedores de prodigiosa técnica, con un potencial creciente de creatividad en el manejo del cuatro y una necesidad de expresión insatisfecha de espacios y oportunidades socioculturales. (MTM)

 

Yo le insistía a Cheo que había que ir un poco más allá, inclusive tuve unas conversaciones hasta con Elena [Gil], de quien yo había sido su director musical y guitarrista un tiempo, y que a la sazón ella estaba en el bloque parlamentario de Guayana en calidad de Diputada y en calidad de músico pues, en la necesidad de que el Cuatro fuese decretado como un instrumento de enseñanza obligatoria en la Escuela básica, para lo cual había que prever entonces, primero que había que fabricar urgentemente unos cincuenta mil cuatros pues, para dar efecto a esa medida y en segundo término elaborar el “Manual” de tocar el Cuatro, porque ya desde entonces era a ‘ojos vista’ que no existía un manual, lo único que existía eran unas directrices, que si mal no recuerdo fueron hechas por Jesús Torres en aquel célebre convenio con el Ministerio de Educación. De hecho al día de hoy sigue la cosa igual, no existe un método, sino tantos métodos como profesores y/o ejecutantes de Cuatro hay. Al punto de que incluso es el objeto de la Tesis de Doctorado de mi esposa Maritza Ramos de Millán, en la cual se demuestra y con entrevistas a varias personalidades, tanto cuatristas, compositores, docentes, de que efectivamente no existe a la fecha el método de Cuatro. Yo creo que eso es todavía materia pendiente. (FM)

 

Nos ocupará en el tiempo por venir, la consolidación de una enseñanza masiva del instrumento en la infancia venezolana, para ello, resulta indispensable la preparación pedagógica de personal y la aplicación de métodos innovadores en la enseñanza del versátil instrumento. (MTM)

 

Y en cuanto a eso mismo, por allá forzaron la barra, el maestro José Antonio Abreu, cuando impelido no sé si por la sugerencia, o imposición, no lo sé, del Comandante Chávez, de que El Sistema debía incluir la música venezolana, y él (Abreu) lo hizo de una manera un tanto precipitada, al punto de que se hace el Programa ‘Alma Llanera’, era como un hijo bastardo de El Sistema de Coros y Orquestas Juveniles de Venezuela. Esto permanece igual, de hecho los instructores de Cuatro que están adscritos a El Sistema, que están trabajando con esos muchachos que incorporaron “mira no, ponte ahí a dar clases de Cuatro”, y en efecto ninguno tiene un método como tal o tienen igualmente el mismo problema de que no existe “El Método”, sino que cada quien aplica por su lado las maneras como él aprendió, o como él cree que debería enseñar. (FM)

 

Entonces comenzamos a construir también un repertorio del ‘Cuatro para el Cuatro’. Composiciones bueno, que Hernán [Gamboa] ya tenía cosas y Freddy [Reyna] alguna más que otra, no sé otros cuatristas que hayan compuesto… bueno creo que los temas de Jacinto Pérez posiblemente tenía algunos de ellos. (ChH)

 

Pero de hecho que eso me parece materia pendiente, pero también conveniente sería que es delicado, por cuanto significaría el hecho de hacerlo obligatorio y de incluirlo en el programa de educación básica, eso de que el método de Cuatro no existe y la necesidad perentoria de hacer los instrumentos requeridos para tal objeto. Y como cuestión de que yo le oponía, no era una discusión así… eran mis observaciones par con Cheo, lo de ‘La Siembra’ era algo más bien eventual, y lo otro tenía un fin que iba más allá, que iba ya a insertarlo en los planes de educación, la inclusión del Cuatro como instrumento en la Escuela básica obligatorio para toda Venezuela. (FM)

 

Igualmente y de importancia estratégica, el rescate, promoción   y divulgación de las técnicas de elaboración de los instrumentos, conocimientos hoy en manos de destacados Luthiers populares y académicos. Necesitamos cuatros, cuya capacidad sonora y de afinación, protejan la educación   musical exquisita de nuestros niños, niñas y adolescentes. (MTM)

 

Pero un hecho es que ‘La Siembra’ ha tenido un éxito, un impacto y una trayectoria que se mantiene vigente y siempre en expectación. En conversaciones con Cheo me dice que cada vez es más difícil realizarlo, que él quisiera pues ya que los muchachos productos de esto, tomasen las banderas pues… que se encargasen ellos de seguir su trabajo, profundizar lo de ‘La Siembra’, y ver un poco más allá de eso en cuanto a los programas de educación. (FM)

 

Bueno y ahorita como tú lo sabes Alexander, está la gran noticia que vamos a tener ese espacio en la Universidad Central de Venezuela con la Creación de nuestra cátedra: “La Cátedra Libre de Cuatro Venezolano”. (ChH)

 

Con esta “gran noticia” de la creación de la Cátedra que anuncia el maestro Cheo Hurtado, redondeamos las conversas. El Diseño Curricular elaborado por quien esto escribe y por la maestra cultora Milagros Figuera, ya ha sido presentado y discutido con una comunidad de cuatristas venezolanos de larga trayectoria y expuesto en su primera instancia, ante las autoridades de la UCV.

Seguirá, ya en su mayoría de edad, su trayectoria ‘La Siembra’ -ahora a nivel universitario- dando sus valiosos frutos y en camino indetenible hasta la Unesco. La cosecha de estos fértiles campos creativos, labrados por manos virtuosas tan conocedoras y puras, han plantado las semillas que germinan y se desarrollan, dejando su brillante trascendencia.

Autor: Alexander Lugo Rodríguez

02 de abril de 2022





Fernando Guerrero y su andar inquieto tras las huellas de un Arpa... Por Alexander Lugo

  El Arpa, imponente maga que traspasa culturas y memorias. Atada a ti, como un hechizo...  ¡Cuántas cosas!  Una espada con runas, que brill...