viernes, 26 de julio de 2024

María Rodríguez a Cuatro Voces. Por Alexander Lugo

 



Simplemente María

 Mar vibrante es tu voz, centella en el horizonte azul y titánica presencia de un sol que madruga con el universo. Pasados ya tus primeros cien años comenzamos un nuevo siglo de la égida de tu canturía, volcánica presencia que retumba con cada temblor de tierra de tu Cumaná, de la “Nueva Andalucía” y de todo el Oriente que cabe en uno solo de tus cantos. Grande entre las grandes, te comparas en esta hora luminosa de tu centenario con una Concepción y dos Teresas, que le dan a esta tierra la verdadera connotación de hija, de madre y de patria. Las tres Marías de nuestra música: María Teresa, Juana María de la Concepción y María Magdalena, pero como “Cuatro son las tres Marías”, unamos en amorosa comunión la cuadratura del círculo con Ana Teresa, en la geometría de nuestras inmensas artistas: “la Carreño”, “la Conny”, “la De la Parra” y “La Sirena”, o simplemente María.

 

Amor a primera escucha

 En cuatro voces de nuestra canta te festejamos en este texto que me dicta aquel niño que te escuchó por primera vez en las ondas de “La Voz de El Tigre”, y que te siguió hasta tu histórica Cumaná, a verte para creer lo que aquella voz cantaba. Y verte y reverte cantar a ti y sentir un terremoto que te sacude de punta a punta viene siendo lo mismo, y nada puede volver a ser y a estar igual, porque nada queda en su sitio. Tu cambias la historia, tu estremeces y tu encantas, o más bien para decirlo con tu fabla, tu embrujas y ensalmas y así nos tienes a todos los que nos asomamos a tu volcán de vida ¡adorada Sirena! embelesados aun como el primer beso, como el primer sueño, como el primer amor.

 

Polifonía Mariana

 Las cuatro voces que te rememoran y te reverencian en su diario hacer y decir son connotadas cantoras y poetas, que estuvieron cerca, que bebieron directamente de tu fuente cantora, que se nutrieron de tu mágica presencia, que se prendieron de tu Ser incandescente, y que han dejado testimonios sonoros de tu música y tu legado. Ellas son: Milagros Figuera, Daisy Gutiérrez, Gerónima Muñoz, y Marisela Querales.

 Milagros Figuera Tovar, ejecutante fina de la música oriental, maestra y referente cultural de Venezuela, nos deja sus “Doceavas” que dedica en el cumpleaños de nuestra María junto con estas palabras: “Para una héroe de nuestro gentilicio cultural. Gracias, Amor y Luz para María Rodríguez  "La Sirena de Cumaná" quien es infinita e inolvidable para nuestra patria”:


Milagros Figuera (MF)

I

Y "La Oración del Tabaco"

se enrolla con "La Culebra"

"El Negro Catanga" enhebra

"Los Dos Titanes" mayores

gracias al "Río Manzanares"

por regar a Cumaná

María Rodríguez,  mamá

de la canta cumanesa

en sus géneros expresa

con gran generosidad

la venezolanidad

del Oriente es la princesa.

 

La cantora cumanesa Daisy Gutiérrez (DG)

Para mi María Rodríguez ha sido y seguirá siendo referencial vital de mi andar musical. Desde pequeña allá en mi Cumaná querida escuchaba a María con sus cantos de Aguinaldos, sus Diversiones, las Fulías, que es un canto devocional a nuestra Cruz de mayo, como expresión de tradición popular sucrense. Luego más adelante siendo ya estudiante de la Universidad de Oriente, tuve la oportunidad de entrar en contacto con ella, intercambio de información en distintas actividades musicales, así como también pude hacerle varias entrevistas, para ese tiempo estábamos a cargo de una organización que se llamaba Asociación Musical “Atanasio Rodríguez”, que por cierto era el nombre del primer mandolinista de María. También conversamos en varias ocasiones porque, para mi tesis de grado como socióloga, la tuve allí como parte de ese conjunto de cultores de la tradición popular sucrense, a los que hice especial referencia en dicha tesis.

 

(MF)

II

Excelsa compositora

cualquier género oriental

con su musa magistral

de muchos ella es autora

curiosa investigadora

busca, encuentra, recopila

nos ha dejado una "pila"

de material importante

repertorio interesante

con sus interpretaciones

un legado de canciones

para quien es cantante.

 

Gerónima Muñoz (GM):

María Rodríguez, La Sirena de Cumaná, Patrimonio Cultural del Estado Sucre, nos representó durante casi ocho décadas a través de sus Cantos de Fulía, Joropo, Gaita oriental, Malagueña, Polos, Diversiones orientales, Aguinaldos, entre otros. Nuestra amada María Rodríguez, como Mujer, Madre, Cultora, Bailadora, se dedicó a enseñar, cultivar, preservar y proyectar el Patrimonio Cultural Intangible de nuestro país. A través de la danza, el canto, sus saberes ancestrales y amplia trayectoria, hoy por hoy sigue presente. Así mismo, nos deja su gran legado para continuar construyendo, edificando y valorando nuestra Música Tradicional de Venezuela.

 

Marisela Querales (MQ)

Yo pudiera comenzar contándote desde cuando la vi por primera vez, yo era muy pequeña, iba con mi papá y mi mamá, Ismael Querales y Zorena Valdivieso, fundadores de “Un Solo Pueblo”, fuimos a Lecherías a una fiesta de la Cruz de Mayo, recuerdo que era en casa de Gladys Meneses, y allí  estaba María, fue invitada a cantar, junto a mi mamá Zorena Valdivieso, una Fulía a la Cruz. Recuerdo ese momento como si fuera ayer, y solo puedo decirte que María entregó su vida, y entregó su talento a la música de Oriente.

Yo considero y le tengo especial admiración a María porque ella cantaba y actuaba, o sea ella cantaba con mucha pasión, con mucha convicción, además con un fuerza increíble y su personalidad era así también, porque después, muchos años después fuimos para Cuba a un Festival de música latinoamericana y la conocí ya de grande y pude hablar con ella, era una mujer con una personalidad muy fuerte, muy cómica y además muy entregada a su música, a su Oriente, a su mar, a su sol, a sus amaneceres, a esa manera de hablar tan particular de ellos, y así lo plasmaba ella en cada canción. Cada canción de ella, una es mejor que la otra, y si podemos escuchar un Joropo con Estribillo, sabemos que María era la diosa en eso.

 

(MF)

III

Extraordinarios sus cantos

en el pecho arrebolados

nada es exagerado

para alabar tus encantos

y es que María nos dió tanto

en su voz, en su danzar

la Diversión a impulsar

es una deuda un deber

para darle merecer

al trabajo extraordinario

que regaló casi a diario

maravillosa mujer.

 

(DG)

María fue mi gran maestra musical, lo digo yo desde todo punto de vista, porque María como artista fue una gran maestra, y siempre la tuve en la vista en cuanto a su carácter, su forma de hacer las cosas, la forma como ella asumía su canto y su tradición.

Fue así como María, junto a Rafael Salazar, Henry Martínez y Hernán Marín fue madrina de mi primera producción discográfica, un LP en el que grabé de su repertorio musical la Diversión “La Mensajera”. Luego también me bautizó mi tercera producción discográfica en el Teatro que lleva su nombre en Cumaná. En ese disco grabé, de sus temas musicales, el tema “Los Dos Titanes” al que la misma María otorgó su visto bueno cuando lo estaba grabando, eso para mí fue un gran aporte y un gran orgullo y un gran honor, que ese tema y ese disco contara con la aprobación de mi querida María.

(enlace para oír "Los Dos Titanes" por Daisy Gutiérrez)

https://www.youtube.com/watch?v=umpBXmkFxU8


(MQ)

Yo me incliné en su género musical, la música oriental, porque me parece que es una música muy alegre y además me llama a recordar a mi madre que también cantó con ella y tenía mucha influencia de María Rodríguez. De hecho en el repertorio de “Un Solo Pueblo”, en algunos discos LP, mi mamá grabó temas de María Rodríguez, obviamente los aprendo de mi mamá y los aprendo de María. Y estando ya de adulta, Javier Marín me dice: ¿Por qué no hacemos un homenaje a María Rodríguez y plasmamos unos temas en un disco, e invitamos a algunas personas? Y bueno así fue, grabamos el disco “Entre Diversiones, Homenaje a María Rodríguez”, donde hay “Diversiones” como “La Mensajera”, “La Mariposa”, “La Iguana”, pero también está un merengue guapachoso que es el famoso “Pancho Batata”, está “La Fiesta de los Santos”, “Pelea de Gallos”, “Aguinaldo de mi Tierra”, “Navidad Negra”.

En esa producción participó –que ya no está con nosotros tampoco- “Morochito” Fuentes, y también participaron mis hermanas, Amanda, Isabella y Ligia Elena Querales, que bueno las tres son espectaculares cantando también estos géneros orientales y en general géneros venezolanos.

 

(MF)

IV

Una Sirena que vuela

ligera cual Mariposa

en el corazón se posa

de un país y de su gente

buena, alegre, inteligente,

bandera del gentilicio

ser Oriental fue su oficio

su razón, su pundonor

con orgullo y gran honor

construyó una gran escuela

para toda Venezuela

María cien años de AMOR.

 

(DG)

María, para mí como cantora de la tradición popular, dejó una huella muy especial, también un gran ejemplo de compromiso patrio, por su defensa fervorosa de nuestra esencia e identidad histórica y cultural. Por eso creo que en este centenario de su nacimiento, creo que el mejor homenaje que podemos regalarle a nuestra amada “Sirena” y “Mariposa” cumanesa, es colocar nuestros mayores y más grandes esfuerzos y aportes a la creación, formación, difusión y preservación, así como también a la defensa de nuestra rica e inmensa diversidad musical, popular tradicional de nuestro país. Y colocarla siempre, por supuesto, en alto, como bastión fundamental de nuestra soberanía como pueblo y como nación.

Yo creo que ese sería pues el más grande homenaje que desde las instituciones del estado, desde los corazones de nosotros los cantores, los cultores de la tradición popular venezolana, podemos darle a nuestra queridísima y siempre bien recordada María Rodríguez. ¡Que viva María por siempre!

 

(GM)

María Rodríguez, siempre estará en nuestra memoria como una Mujer empoderada, también llamada "La Voz de Cumaná". Considero, es un ejemplo a seguir de manera obligatoria en el estudio e investigación de la Música Sucrense. ¡Viva por siempre nuestra Maestra María Rodríguez!

 

(MQ)

¿Qué te puedo decir del legado de María? el legado de María es impresionante la influencia que ha tenido en todos los músicos de Oriente, ella era como la matriarca de la música oriental, obviamente junto con Hernán Marín, Cruz Quinal, Luis Mariano… Cuántos más… han sido figuras importantísimas de nuestra música del oriente, y yo creo que es importante destacar que nuestra música sigue adelante y no se está perdiendo, o sea eso que dicen por ahí que “vamos a defender la música venezolana”, yo creo que eso ya está pasado de moda, creo que cada vez hay más gente joven haciendo su música venezolana, que es la música que los identifica, que nos hace sentir que realmente tenemos una identidad y que nos podemos destacar ante el mundo entero con lo nuestro, con nuestra música, con nuestros géneros que son muchísimos.

Seguiré cantando música de María, esté donde esté, estoy aquí en Estados Unidos, viviendo desde hace ocho años y en las presentaciones que he tenido he cantado el repertorio de María, menos que antes, pero bueno casualmente ahorita voy a subir a las plataformas de música ese CD, ese disco hermoso que grabamos entre Javier Marín y yo, otros músicos también como mi papá Ismael Querales, “Morochito”, Pedro Marín, Daniel Gil que hizo unos arreglos maravillosos, Lilia Vera que me acompañó cantando en “La Mariposa”, y bueno creo que es un disco que es un tesoro que le pertenece a Venezuela, no nada más a mí, porque ese es el legado que debemos transmitir, darle continuidad a la música de María.

María, “La Voz de Cumaná”, hermosa María, en ese disco hay una “Gaita cumanesa” que se llama “La Voz de Cumaná”, escrita por Rafael Salazar, donde hay una parte que dice (Y Marisela canta):

 

Quien inventó la cantiga

Que se engalana en oriente

Sembradío de la gente

Del amor que se prodiga

De los campos fue la espiga

Mujer de playa y faena

Con las olas de sus penas

Pudo enrumbar su destino

Para formar un camino

Entre cantos de sirena

Para formar un camino

Entre cantos de sirena.

                        

Siendo niña fue ilusión

De su abuela en compañía

Creando mil fantasía

Con muñecas de cartón

Y en cantares de pilón

De joropo y Diversiones

Supo descifrar los sones

De la comparsa y su aire

Para sembrar su donaire

En todos los corazones

Para sembrar su donaire

En todos los corazones.


(enlace para oír "La Voz de Cumaná" por Marisela Querales)

https://www.youtube.com/watch?v=7Aqyaap1y84


Y eso fue lo que hizo María: ¡Sembrar! ella sembró su legado. Y lo tenemos todos.

Gracias por la entrevista Alexander.

 

 


Alexander Lugo Rodríguez

26/07/2024

lunes, 24 de junio de 2024

TOPONIMIAS Autor: Alexander Lugo

 





Cómo no pensar, cuando oigo nombrar "Manicuare" en aquel Poeta de manos de sal y de ensueños azules, cuyo nombre cargó a cuestas como un Cristo, martirizado también y que acaso lleva en su interior el paisaje agreste de aquel mar de olvidos que nos devuelve en cada batir su nombre ¡hecho de cruces y de sal!

 

Cómo, al oír mentar "Algarrobito", Arauca, o “San Fernando de Atabapo”, no descubrir al "Indio" metido dentro de un Arpa alborotando enjambres en las brisadas de aquel llano de infinitos sones y mágicos embrujos. En la inmortalidad de sus andanzas llaneras se arrinconan y apagan la voz lacia de los antepasados. El "Indio" Figueredo será el músico-poeta de mayor clarividencia de lo que grita y lo que esconde la llanura.

 

Cómo no mirar con los ojos ciegos de tanto sol, cuando oigo que trae la brisa marina las palabras “Macuto” y “Castillete” y verlo y reverlo: pantalón arremangado, y torso desnudo, trazar brumas espesas de indescifrables blancos, sobre otros blancos que esconden blancuras, que se hacen espuma y que acaso ocultan un recuerdo doloroso o trágico, del niño venido de Valencia, del viejo muñequero, del eterno loco de Macuto.

 




Y si alguien menciona “Canchunchú” y llega a decir conuco, o escobita de monte, o tucusito, cómo no ver a Luis Mariano meciendo en un chinchorro y tejiendo, la poesía de las flores, mientras como diría el Poeta barinés, su "diestra echa a volar ansias que pisa la zurda". En el conjuro íntimo de sus versos, convocando los aromas del campo, los dorados cundeamores, los aleteos del tucusito. Multiplicándose Mariano en flor, en pájaro, en caracol, en tristeza de atardeceres, en fragancias de ternuras.

 

Cómo no escuchar cuando me dicen "Barbacoas" una Tonada de ordeño, un silbo afinadito y un canto de llanería. Y repetir con Alí que “la tonada es más bonita en los labios de Simón”. Rastreando la tonada que su fina voz modula, nos perdemos en los contornos del paisaje, en los amaneceres y en los crepúsculos que perduran más allá de nuestro olvido.

 

Si pienso en la Caracas "física y espiritual" y en las escalinatas del "Guarataro", cómo no sentir que se asoma por todos lados la imagen de Aquiles con su despeinado enjambre de multicolores “piensos” y sus ojerosos párpados insomnes de tanto poner a conversar a los cochinos y los perros callejeros y casar a las hormigas y lidiar con las abejas presumidas, mientras su padre lo pasea en la eterna bicicleta del amor.



 


Si por "Chiguana" me hablan de un "cantador" de increíble fama y voz de trueno con una sola vida y muchas muertes. Voz que iluminó las montañas de "Tataracual" y prendió los valles del "Turimiquire". Cómo no vislumbrar a Juan Jiménez que sigue altivo con su negritud y sus destrezas para el joropo oriental, aun tramando versos en las caminadas noches vagabundas, repartiendo a manos llenas la felicidad.

 

Cómo no soñar con una colina de frailejones que albergaron las sagradas piedras de "San Rafael de Mucuchíes” en el Páramo del “Tisure" y allí mismo, sembrado con su sonrisa eterna bajo el sombrero calado, Juan Félix, que es la montaña misma del frio y solitario páramo, hombre múltiple hecho de la caliza y el basalto que brotan del pico, con su espeso bigote que envidiaría el mismo Nietzsche. Hombre hecho de la roca volcánica, de los milenarios árboles del contorno, de la cascada de la alta cumbre, de la calina cegadora. Las capillas del Páramo lo guardan, junto a su inseparable Epifania, con sus cristos y calvarios de guardianes.



 

Cómo no volar a las alturas cuando los oigo con los ojos y los puedo tocar en las brisas que me vienen de todos sus paisajes y  de sus desvelos de ensueños.

Cómo no pensar. Cómo no descubrir. Cómo no mirar. Cómo no entrever. Cómo no escuchar. Cómo no sentir. Cómo no vislumbrar. Cómo no soñar. Cómo no volar…

 



Alexander Lugo Rodríguez

San Juan 24/06/24

 


domingo, 18 de febrero de 2024

Gracias a la Providencia: “Gran Misión Viva Venezuela”. Por Alexander Lugo

 




“Creo en los Poderes Creadores del Pueblo”

Aquiles Nazoa


El viernes 16 de febrero se llevó a cabo el lanzamiento de “La Gran Misión Viva Venezuela”. Fue un evento lleno de vistosidad colorida, música sentida, danza explosiva y tradiciones de honda raigambre popular.

 

Desde antes de las 10:00 am se comenzaron a congregar en los alrededores de la plaza de “Los Museos” en Los Caobos y en todas las adyacencias del Teatro Teresa Carreño, multitud de gente venida de distintos puntos de la geografía nacional, con sus trajes, máscaras, tambores, cordófonos y cantos.

 

Ya de por sí, los que estábamos allí desde temprano, nos fuimos llenando de la energía y magia de la música, cantos y rituales de nuestra tierra, puesto que la gente no se limitó a esperar largamente en las colas (más de 3 horas para empezar a moverse) sino que todo era un conglomerado de giros melódicos, sones y golpes de tambores. Había mucha alegría y un especial entusiasmo que contagiaba e hizo cortas las horas de espera. Todo mezclado y simultáneo, pero por momentos con un sentido de diálogo y verdadero intercambio de saberes, sonidos y calor humano.

 

Yo inconscientemente “recordé” un evento que marcó un antes y un después en nuestra historia y en el conocimiento de la espiritualidad de nuestras tradiciones. En otro febrero, en ocasión de la toma de posesión del Presidente Rómulo Gallegos, se le encargó a Juan Liscano la “Puesta en escena” en la Plaza de Toros del “Nuevo Circo” de Caracas para este importante acto. Liscano, junto a un grupo de destacados investigadores de nuestras tradiciones, colmó “El Nuevo Circo” de música y danzas tradicionales venezolanas, y por primera vez se veía en Caracas, la riqueza de su diversidad cultural expresada por sus propios cultores; y se encontraban ellos mismo atónitos con el sentir y hacer cultural de cada pueblo. Corría el año de 1948, y mi madre contaba tres años de edad, allá en las sabanas de Guanipa al sur del estado Anzoátegui.

 

Al ingresar por fin a la Sala Ríos Reyna la emoción continuó en aumento y se ubicaron en espacios bien demarcados, los Zaragozas de Sanare, los Giros de San Benito del Sur del Lago de Maracaibo, los Tamunangueros de El Tocuyo, los Joroperos de Guárico o los Boleros de Caucagua, entre muchos, por nombrar solo a los que tenía más cercanos a mi ubicación. Las caras eran de emoción, mucha gente del trajinar diario de la cultura entre el público, célebres cantores, bailadores emblemáticos, constructores de instrumentos, declamadores y galeronistas, investigadores y docentes y también gerentes culturales y gente del mundo político.

 

Ya en la tarima se preparaban los músicos para dar inicio al acto. Dirigidos por Javier Marín, cuatro en mano, se rodeaba de importantes músicos y cantores, que interpretarían una gama de géneros y expresiones de nuestra riqueza musical.

 

Pasada las cuatro de la tarde, con el arribo del Presidente de la República, se dio inicio al esperado acto: el lanzamiento de “La gran misión viva Venezuela”. Este comenzó con una escenificación de El Papagayo con los actores del grupo de Teatro César Rengifo, Los cuales terminaron entonando la canción El Papagayo popularizada por el afamado grupo Serenata Guayanesa con autoría de Iván Pérez Rossi.

 

Luego se continuó con cinco cantos “a capella”: Elena Gil con un Canto Indígena, inmediatamente Vidal Colmenares entonó un Canto de Arreo del llano venezolano y prosiguió Daisy Gutiérrez con un Canto de Pilón del estado Sucre conjuntamente con la cultora Paula Nuñez. Luego vino la explosiva entrada de Francisco Pacheco cantando una Sirena, de Cata estado Aragua. La emoción subió al máximo y se alborotó el teatro y explotó en aplausos a la entrada de Fabiola José, Ana Cecilia Loyo y Amaranta Pérez entonando a tres voces un Canto de Lavanderas. Se trató de Cantos de Faena de diferentes zonas de nuestra Venezuela.

 

Luego apareció en escena el joven cuatrista Isidro Landaeta, quien luego de un “registro” ejecutó un joropo llanero para Cuatro solista, Quita Pesares, paseándose por diferentes tonalidades, a la manera de los arreglos de Cheo Hurtado con “La Siembra del Cuatro”.

 

Seguidamente tomó las riendas la agrupación de tarima para acompañar a varias voces femeninas que entonaron la diversión oriental La Mariposa cantadas por Daisy Gutiérrez, Domelys González, Ligia e Isabela Querales, Ana Cecilia Loyo y Fabiola José; en homenaje a la cantora cumanesa María Rodríguez.

 

A continuación se presentó desde la Isla de Margarita, Lucienne Sanabria, cantando una Malagueña oriental. Siguió luego un Galerón margariteño, interpretado por Ernesto Da’ Silva, “El Ciclón de Margarita”.

 

Llegó el turno del joropo oriental con el golpe titulado Marcolina, Joropo con Golpe de Arpa y Estribillo, interpretado por Óscar Lista.

 

El Joropo sucrense dio paso a la bandola llanera de Ismael Querales con un virtuoso Pajarillo, acompañado de cinco parejas de bailadores de joropo llanero que demostraron la vistosidad y reciedumbre de nuestro Joropo.

Luego se incorporarían varias parejas de jóvenes y niños bailadores de Joropo y el canto inconfundible del portugueseño Vidal Colmenares.

 

Llegó el turno del Joropo Central con los Hermanos Bogado, en el arpa tuyera Edward y en las voces Emily y Evelyn Bogado acompañados de una pareja de bailadores. En el mismo género siguió Yustardi Laza el “Príncipe del Arpa”, acompañando al cantautor José Alejandro Delgado y cinco parejas de bailadores de joropo central, con el tema Lo que da razón al diente.

 

Luego, del estado Zulia, Juan Carlos Ekmeiro y Justo Montenegro cantaron una “Décima zuliana”.

 

Nos “fuimos” al estado Lara con el Son del Tamunangue, El seis figurea’o, un golpe larense, con varias parejas de bailadores y “peleadores” de garrote. Acompañados en los cordófonos, familias del cuatro, maracas y tambor (tamunango) por José Gregorio Yepez y Naudy Arraíz, de los “Golperos del Tocuyo”, junto a Juan Pérez, Jesús Berenzola, Daniel Gil e Ismael Querales.

 

Momento emocionante la aparición de la cantora Lilia Vera, con una gaita de tambora titulada De mi Pueblo, junto a las danzas de cinco bailadores de gaita de tambora. En los coros, acompañando a Lilia, estaban Amaranta, Ana Cecilia, Fabiola José, Ligia Querales, Oscar Lista y José A. Delgado.

 

Desde La Guaira llegaron Las Voces Risueñas de Carayaca quienes entonaron dos fulías, lideradas por Loreley Pérez, tituladas, Juana Catalina y No Cuentes Conmigo Negra.

 

Nuevamente en escena el grupo de Teatro Infantil César Rengifo, representó actuó y bailó el Calipso de El Callao: Los Medio Pinto, siguió el calipso Isidora y Guayana Es. A lo que se sumó Serenata Guayanesa con el Calipso El Callao to Night. Siempre con las madamas, los diablos, los medio pintos y la danza del calipso. El cultor de El Callao, Carlos London se unió a la interpretación del Calipso con su grupo y conjuntamente con Serenata Guayanesa.

 

Posteriormente se presentó un emotivo homenaje al cantor Alí Primera por los 39 años de su fallecimiento, asimismo se le dedicó una décima a “Chelias” Villarroel por estar cumpliendo 100 años de vida, el decano del folklore margariteño. Posteriormente se entonó La canción del Lunerito de Alí Primera.

 

Para cerrar la parte musical, Francisco Pacheco entonó el Sangueo Venezuela bandera venezolana y salieron muchos bailadores con sus banderas multicolores de diferentes espacios del teatro y todos los cantores que participaron se unieron en el escenario para hacerle coro a Pacheco.

 

El ministro de Cultura Ernesto Villegas hizo el anuncio de la más reciente manifestación venezolana a la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, para los Bandos y Parrandas de los Santos Inocentes de Caucagua, quienes subieron al escenario y recibieron de manos del Presidente de la República el Diploma de la UNESCO que los acredita. ¡Los Boleros de Caucagua para el mundo!, fue el grito emocionado del público.

 

Luego fueron llamados los integrantes del “equipo promotor” de la Gran Misión “Viva Venezuela” para ser juramentados por el Presidente, que quedó conformada por Iván Pérez Rosi, Luisana Pérez, Francisco Pacheco, Javier Marín, Ana Cecilia Loyo, Amaranta Pérez, Noel Márquez, Lizbeth Villalba, Juan Escalona y Ernesto Villegas.

 

El acto finalizó con la interpretación de la parranda Viva Venezuela, y con las esperanzas y motivación para el sector cultural del País. Aspiramos, que así como en el año 48 se conoció, y se comenzó a enaltecer y a amar nuestras tradiciones, en este nuevo febrero (vaya mes de tan hondo sentir) se dignifique y valore al pueblo hacedor de cultura.

 

 

Alexander Lugo Rodríguez

(18/02/2024)


lunes, 5 de febrero de 2024

Heraclio se fue hace 138 años pero El Diablo travieso de su genio sigue Suelto por el mundo. Autor Alexander Lugo

 




Heraclio Fernández y su musa se soltaron hace siglo y medio y todavía revolotean y zumban como el alegre zancudo con que se representó. En apenas 35 años de vida, desplegó como pocos, su prodigioso y exuberante talento en tan disimiles y exigentes disciplinas. Será recordado siempre por su inmortal Diablo, que aun anda suelto haciendo travesuras por el mundo musical venezolano.

Falleció un día como hoy 5 de febrero, de hace 138 años, en 1886. No se tienen datos de las causas de su fallecimiento en la plenitud de sus condiciones, destacando en los siguientes campos artísticos: la composición musical, la enseñanza pianística, el periodismo artístico y la concertista. Se nos dice asimismo que “compuso una misa cuyo estreno se verificó con éxito en uno de los templos de Maracaibo”.

A propósito de su fallecimiento, se recogen varias reseñas periodísticas, destacando las que aparecen en el periódico fundado por su padre, Manuel Fernández, El Diario de Avisos: “Era de trato afable y cortés; sus modales eran cultos, y su figura simpática y su palabra fácil y chispeante le ganaban muchos adeptos”. En la nota también se señala que: “Tocaba el piano con sentimiento exquisito y componía piezas de salón que los amantes de la buena música guardaban como modelo de ritmos y de formas”.

Sin duda esa peculiar manera de interpretar e improvisar al piano la música venezolana hicieron de Heraclio Fernández el músico favorito de la sociedad citadina, esto reforzado por su carácter jovial y su agudo sentido del humor, en diferentes reseñas encontramos testimonios en este sentido.

Del mismo modo en diferentes ocasiones se publica en los periódicos de la época, publicidad donde se ofrece para “enseñar, acompañar, vender, reparar y afinar pianos”. Es también uno de los primeros compositores del que se conocen piezas para piano a cuatro manos (dos pianistas ejecutando simultáneamente en el mismo instrumento). Los testimonios de la época no dudan en presentarlo como un fino ejecutante y anuncian una y otra vez sus Lecciones de piano y teoría musical, así como que “enseña a acompañar”.

No faltan tampoco anuncios donde ofrece en “venta pianos verticales de Europa y a precios escandalosamente módicos”, y en otros que “afina y repara pianos”. Era un hombre muy mediático para su época, muy adelantado y curioso con su entorno y sobre todo muy sensible y de un chispeante humor. En ese cúmulo de talentos e intereses, la música será su reino y a ella tributará su vida entera y breve.

Heraclio no sólo era profesor de piano, virtuoso ejecutante y gran compositor, sino que también manejaba la pluma de periodista con “agradable sazón y graciosa vena". Con relación al semanario que dirigió y que se identificaba con su apodo, El Zancudo, nos dice una  reseña:

 

El Zancudo, que fundó con nosotros en el año de 1876, y redactó durante mucho tiempo, guarda en sus páginas buena muestra del donaire y gracia con que dejaba correr la peñola nuestro malogrado amigo y llorado compañero. En esas páginas juguetea la palabra fácil y retozona del simpático Heraclio. (Diario de Avisos, 12 de febrero de 1886)

 

Revisando el catálogo de partituras aparecidas en el semanario El Zancudo y en la revista El Museo (también fundada y dirigida por Heraclio), encontramos que ya para el año1876 se publican dos valses suyos: “Una súplica” y, “Recuerdos”. Fueron 22 valses publicados en un período de diez años, con seguridad escribió muchos más. También salieron publicadas en ese lapso: cuatro Danzas; cuatro Polkas, una Misa; y una “Variación sobre el Araguato”.

Entre sus composiciones destaca una obra que próximamente cumplirá 146 años de haber sido publicada y que se sigue interpretando y grabando con mucho éxito, El Diablo Suelto, un valse de entramada dificultad, que por su agilidad y escritura brillante (fiel reflejo del carácter de su autor) se ha denominado valse-joropeado, en la misma tradición de enrevesados valses como El Jarro Mocho de Federico Vollmer (1834-1901) y La Maricela de Sebastián Díaz Peña (1844-1926).

En la Enciclopedia de la música en Venezuela (1998) se señala al Diablo Suelto, “como una de las piezas de la tradición venezolana que mejor recoge el sentir nacional”. Esta popular pieza la dedica a sus amigos los redactores del periódico El Diablo Suelto, (que estaban de aniversario) y, precisamente encartada en la edición de este periódico del 19 de marzo de 1878, aparece la partitura para piano del famoso valse homónimo.

Hoy se conoce un solo ejemplar de la partitura, mas no del periódico, que se encuentra por casualidad el maestro Alirio Díaz en un puesto de libros viejos de Caracas, la cual reproduce en su libro Música en la vida y lucha del pueblo venezolano, en 1980. Evidentemente aquella primera edición de El Diablo Suelto tiene diferencias sustanciales con las versiones que hoy se tocan por todo el mundo.

El éxito de Heraclio como gran intérprete del piano y compositor, lo condujeron de forma natural a desplegar una intensa labor docente que coronaría con la publicación de su Método para Piano. En el mes de diciembre de 1876 saldrá a la luz pública con este título: “Método para aprender a Acompañar Piezas de Baile”. Seis años después lo reeditará con ciertas modificaciones en un folleto de 32 páginas, con el largo y descriptivo título de: “Nuevo método para acompañar en el piano toda clase de piezas y en especial las de bailes, al estilo venezolano, sin necesidad de ningún otro estudio, a la altura de todas capacidades”.

En este tratado de acompañamiento pianístico, condensará Heraclio su experiencia como ágil intérprete del instrumento rey de la época. Allí da consejos y opiniones de interpretación y carácter, de sumo valor para saber hoy como se ejecutaban las piezas de baile en aquella época, estas piezas populares eran las de moda entonces: la danza, el merengue, el joropo, la polka y sobre todo el valse, que ya por esa época habían adquirido un carácter criollo propio sobre todo en su acompañamiento. En la presentación de esa segunda edición Heraclio resalta la originalidad de su propuesta:

 

“Nadie había podido someter a reglas el movimiento excesivamente caprichoso y original con que se acostumbra a acompañar las piezas de baile venezolanas; en mi primera edición di reglas para ello; la práctica de seis años más me ha puesto en capacidad de perfeccionarlas, haciéndolas más extensas y claras”.

 

Acompañar al piano las piezas venezolanas constituye un reto para los instrumentistas, en ello radica fundamentalmente, la capacidad de creatividad y habilidad en el manejo del teclado, lo mismo pasa con la guitarra popular y el cuatro. Esto es particularmente así en los valses, en donde un buen acompañamiento requiere que la mano izquierda del pianista vaya creando diferentes combinaciones rítmicas fundamentadas en el uso de las síncopas y los contratiempos, lo que lleva consigo un cierto carácter improvisatorio y de espontanea creación. A esta característica se refiere Heraclio Fernández cuando escribe en su Método:

 

“Los movimientos del acompañamiento del vals son los más variados y puede añadirse que cada individuo tiene uno peculiar. En algunos puntos de Venezuela son distintos a los que se acostumbran en Caracas; en mi permanencia en estos lugares observando con especial atención a los más hábiles acompañadores, los he aprendido todos, y todos los explico aquí”. (reseña tomada de la Revista Musical de Venezuela No. 38).

 A los 138 años de su partida es muy importante destacar a este gran compositor y autor venezolano. Una figura que está presente en el día a día de nuestra música venezolana cada vez que escuchamos sus composiciones y cuando procuran montar en sus repertorios los consagrados maestros y los jóvenes músicos de cualquier parte del mundo su célebre Diablo Suelto. Heraclio fue uno de los pioneros en la composición de valses venezolanos y merece un lugar muy especial en nuestra galería de músicos inmortales.

 

 


Alexander Lugo Rodríguez

05 de febrero de 2024

 

 

 

 

 

 

 


miércoles, 2 de agosto de 2023

El Deslumbramiento Musical de José Ángel Lamas Por Alexander Lugo

 

 

La mayor parte de las obras maestras lo son de oscuridad, diría un alucinado Ramos Sucre, y allí, en ese rumor de quejumbrosos acordes, en el estirado aire Largo y doloroso del Motete, rondaba la pluma trémula y magistral de un ser iluminado, nacido hace casi dos siglos y medio, bautizado en la caraqueña parroquia de Altagracia con el nombre de Joseph de los Ángeles del Carmen.

 

A José Ángel, como lo llamarán desde niño, lo suponemos taciturno, melancólico y retraído, en una ciudad de castas y de colores, que privan por encima de cualquier otra cualidad; blancos, mestizos, pardos, mulatos, negros, indios. Saberse de ese primer grupo pero en el último escalafón: “blancos de orilla”, sin ningún bien de fortuna, blancos pobres, blancos sin derechos, en la cúspide de la castiza pirámide y en el fondo del grupo social, en el sedimento.

 

En su mundo interior desfilaban imágenes y tumultos que no entendía, pero que no dejaba que perturbaran su silencio monacal, dentro de él un sereno cataclismo de sonidos lo embriagaba. Al alma del tímido niño la cruzaban insondable rutas de centelladas esferas que sólo él transitaba, todo era música y solamente música.

 

José Ángel Lamas, tendría 14 años cuando es nombrado voz principal (tiple) en el Coro de la Catedral de Caracas, su amigo Cayetano Carreño, un año mayor, ya se había ganado el puesto de organista en dicha Catedral. Siete años después, Cayetano ascendía al importante cargo de Maestro de Capilla y José Ángel es nombrado bajonista, y allí permanecerán los dos amigos a lo largo de sus vidas.

 

Comienza nuestro personaje a componer desde muy temprano en su corta vida, y mucho, como los genios de vida breve que intuyen su fugacidad terrenal, no se da sosiego y se dedica en cuerpo y alma para lo que está predestinado.  Al cumplir los 26 años, finaliza la obra que lo identificará hasta el sol de hoy y que se ha convertido en el modelo más acabado de todos los compositores de su generación, El Popule Meus. Aquel viejo y recurrente Motete que multiplicaban las sirenas de las carrozas fúnebres en el pueblo de mi infancia, y que tanto me desvelaba.

 

En su recóndito universo preñado de músicas, amó Lamas la paz, y anheló la soledad en búsqueda de certezas, de una verdad, de una quimera lejana y triste que lo hechizaba. Sintiendo -como Ramos Sucre-, que: “La devoción y el estudio me ayudarán a cultivar la austeridad como un asceta, de modo que ni interés humano ni anhelo terrenal estorbarán las alas de mi meditación,”.

 

El Popule Meus devela un sendero de lo “por venir” en el mundo de la música. Escrito para cuarteto de cuerdas, oboes, cornos y coro a tres voces, es la obra cúspide de un periodo musical de formas preestablecidas en “perfecto equilibrio” y armonías consonantes. A partir de esta obra se incrementa su producción. Varias de ellas se conservan y llegan hasta nosotros, como salvadas de la inclemencia y el descuido, que incluso hizo estragos con sus restos mortales.

 

Van pasando aceleradamente los violentos años y nuestro compositor se mantiene firme en su sagrada misión de trascender por la música, llega el decisivo 19 de abril de 1810, todos sus compañeros músicos participan de una u otra manera en los determinantes eventos. Lamas ya había concluido su Misa en re; y nace su hija, María Josefa del Carmen, un 13 de mayo de 1810.

 

Podemos presumirlo entregado con pasión a su mundo interior, a sus impulsos creadores que lo reclaman: “En medio del hervor político, del entusiasmo de sus compañeros, el compositor se siente como aislado en su labor de artista. Nada exterior hace eco en sus oídos de músico. Oye hacia dentro, se escucha silenciosamente. Aquella música que brota de su ser canta al Dios que muere por él y por los demás hombres clavado en una cruz”, nos ilustra un inspirado musicólogo estudioso de su vida.

 

Hay un misterio en su consagración a la creación musical compulsiva, ni el acontecimiento personal de ser padre, ni los reclamos históricos de la patria, lo conmueven de su entrega total. Lo intuimos “encendido” y presintiendo que su vida se acorta.

 

Así continuó Lamas hasta donde le alcanzaban las fuerzas, sumergido en su feudo la música, que no era de este mundo, abstraído de la vorágine que lo arrasaba todo. Llega el mes de julio de 1814, mientras la ciudad se anegaba en sangre, culmina la que sería su última obra conocida: el Ave Maris Stella en re menor (homónima de la de 1808 en mi bemol).

 

El 10 de diciembre de aquel doloroso 1814, falleció en Caracas, el más grande compositor de la época Colonial y principios de la República y uno de los más geniales de nuestros músicos, José Ángel Lamas, había nacido un 2 de agosto de 1775. Su llama se extinguió, como si se apagara ante tanto dolor.

 

Para aquel que parecía insensible y ajeno a todo cuanto sucedía, su espíritu de luz no soportó seguir viviendo entre tinieblas. Tenía 39 años.

 

José Ángel Lamas soñó desde niño con la música; compuso música a lo Divino, vivió en un recóndito universo lleno de música, y tal vez por eso, fue el más grande de su generación y la mayor gloria de Venezuela, en el mundo musical de entonces.

 

Creó música para los Ángeles, para la Vida, para Dios, y esperó sereno el llamado de la muerte, seguro de haber entregado la luz de su espíritu:

 

Ella vendrá, en lo más callado de una noche, a sorprenderme junto a la muda fuente. Para aumentar la santidad de mi hora última, vibrará por el aire un beato rumor, como de alados serafines, y un transparente efluvio de consolación bajará del altar del encendido cielo. (José Antonio Ramos Sucre)

 

Alexander Lugo Rodríguez

(revisado el 2 de agosto de 2023)

 



martes, 1 de agosto de 2023

Los Espejismos Sonoros del Indio Figueredo: La Inmortalidad de sus Andanzas. Por Alexander Lugo


 

    El “Indio” Figueredo no escogió ser músico, la música lo escogió a él, aquella  que acompaña al llanero en todos sus momentos, sean los de la recia faena, así como los festejos del santoral, o las fiestas célebres de los pueblos apureños, como la de Achaguas para los días santos. Pero sin duda será en los Joropos que se formaban en cualquier hato, fundo, o simple reunión de peones, propicios para el baile, el contrapunteo y los variados registros del amor, donde mejor se arrellanaban las cadencias de un arpa aquerenciada y febril. Los “golpes” recios, preferidos para el zapateo y escobilleo del baile, cuando no, apropiados para el contrapunteo, alternaban con los “pasajes”, verdaderas epístolas cantadas, mensajeros de amores en fragua, como en “Las Ramas del Guayabo”. También de cortés saludo al anfitrión, como en “Hato la Verdad”, de igual modo para enaltecer el imponente paisaje llanero o los asuntos del diario vivir: “El Privarresuello, Mi Camagúan, Los Caujaritos, La Gaviota, El Cunavichero”.

     La huella del “Indio” Figueredo, el de las dos manos cantarinas, tramoleadas y sesquiálteras, el del “bordoneo perreao”, con sus “espejismos melódicos”, paradigma del arpa recia con sus bajos omnipresentes, temprano comienza a hacer historia en parrandos llaneros, -mucho antes de pisar un estudio de grabación-, jolgorios propios del llanero donde una música y un palpitar de la poética en las venas del arpa, desgranaban completos alijos de hábitos que se echaban a rodar ante el ímpetu que sacudía toda estructura mohosa, fantasmales notas que se esparcían y no dejaban cimientos en su sitio, después de alborotar los briosos cordeles que espantaban sones en bandadas que brotaban libertos y sin rebusca.

    Dejó nuestro arpista una enorme cantidad de temas musicales, tanto aquellos reconocidos de su autoría, como los que trajo del olvido, rescatando, arreglando, o adaptando de otros instrumentos:

La chipola, -“golpe” que aprende oyendo el tañer de la bandola de su padre- también nos consagró con sus memorables interpretaciones de: Seis por Numeración, Zumba que zumba, Guacharaca, Gaván, Seis perreao, Catira, Gavilán, Carnaval, San Rafael, Quirpa, Pajarillo y Seis por derecho, por nombrar sólo algunos.

    Corresponde a este músico, ser llamado, sin titubeos, el surtidor y faro mayor de la canta y la música llanera y principal eslabón de lo que fue durante un siglo completo la tradición sonora y de lo que, a partir de él, apenas comienza a asomarse de nuevas propuestas, toda la música del inmenso llano está cimentada en lo que hizo, deshizo o dejó de hacer este arpista del Cunaviche, nacido el último año del siglo XIX y fallecido un lustro antes del s. XXI.

     Dijo con su arpa el “Indio” Figueredo, más de lo que se había dicho y hecho en 200 años de tradición, desde las antiguas arpas llevadas por los misioneros a partir de 1722 al corazón del llano, agregándole a esto los casi 100 años que vivió, dejando al menos 400 composiciones. Se puede aplicar al “Indio” lo que el poeta Ángel Eduardo Acevedo buriló de Alberto Arvelo Torrealba: “Dijo lo que aguas, montes y lejuras de sus correrías le sembraron y le germinaron, lo que callaban y cantaban, simples, los plenos humanos entre cuyas bregas creció”.

     En la inmortalidad de sus andanzas llaneras, se arrinconan y apagan la voz lacia de los antepasados; y las osadías sonoras que brotaron de su ingenio, aturden y socavan toda una tradición de hábitos y rutinas. Desde sus inicios se prefigura todo lo que haría después. Por lo que dejaba entrever, por lo que prometía de algún modo.

     El “Indio” será el poeta por excelencia de lo que grita y de lo que esconde la llanura, su intérprete de mayor clarividencia. “Haber mirado las antiguas estrellas, haber mirado esas luces dispersas, haber sentido el círculo del agua en el secreto aljibe, el olor del jazmín y la madreselva, el silencio del pájaro dormido, la humedad… -esas cosas acaso son el poema-”, (Borges).

    Por todas sus inventivas sonoras menudean fehaciente su llanería. “Como un grato declive, como una música esperada y antigua”.

 


(Alexander Lugo Rodríguez, más allá del Cunaviche)




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